Diario de un NO nacionalista

Borrar (o perseguir) todo lo español de Cataluña

¿Qué están haciendo el Gobierno y el Estado ante esta situación de manipulación política y acoso a la libertad?

Borrar (o perseguir) todo lo español de Cataluña
Pancarta independentista: "Cataluña no es España". CT

Un gobierno de la minoría que impone sus ideas a una mayoría en la creencia de una superioridad no solo política sino también moral

“…ahora, cuando los independentistas atisban en el horizonte cercano el Gran Advenimiento, se han lanzado a por todos los símbolos de españolidad, incluyendo –cosa que a nadie debería sorprender- a por todo aquél grupo o individuo que se anteponga en el camino de la redención nacional…”

La historia está plagada de episodios en los que un cambio político deriva en una obsesión por eliminar cualquier huella del régimen anterior, encontramos ejemplos como el final del periodo amarniense del Antiguo Egipto hasta totalitarismos contemporáneos como el soviético, cuyos dirigentes estaban siempre dispuestos a borrar las huellas (públicas) del pasado y eliminar físicamente al adversario.

Aquí en Cataluña, quizás por algún tipo de empacho determinista, los que se consideran la vanguardia de la Nación y únicos representantes del “pueblo catalán”, no esperan que ese destino que creen predestinado les alcance y ya han empezado la labor de suprimir todo lo que suene a español en el Principado, bien es cierto que la “construcción nacional” está basada en una planificada deconstrucción cultural, lingüística e identitaria.

Pero ahora, cuando los independentistas atisban en el horizonte cercano el Gran Advenimiento, se han lanzado a por todos los símbolos de españolidad, incluyendo –cosa que a nadie debería sorprender- a por todo aquél grupo o individuo que se anteponga en el camino de la redención nacional, digo todo esto porque la actualidad está salpicada de sucesos que unidos ejemplifican lo expresado hasta aquí.

Empezaremos con la moción que El grupo municipal de Convergència i Unió del ayuntamiento de Badalona ha presentado para que el consistorio declare a Convivencia Cívica Catalana como organización non grata en dicha ciudad, recordar que esta organización lucha –entre otras cosas- por la igualdad de trato en las escuelas catalanas, defiende el derecho de los catalanes para que puedan educar a sus hijos en su lengua materna y que el español deje de ser tratada como una lengua extranjera que hay que arrinconar.

El  “atrevimiento” de Convivencia de hacer una campaña en las escuelas badalonesas (ya saben, los colegios catalanes son y deben ser feudo exclusivo del mantra nacionalista) es lo que ha provocado la airada reacción de los convergentes, de hecho la razón que ha aducido el presidente del grupo municipal de CiU para esta propuesta ha sido «la campaña anunciada por la organización Convivencia Cívica Catalana pretende amenazar la convivencia lingüística en las aulas de las escuelas de la ciudad y crear un conflicto lingüístico donde no existe«.

Evidentemente, para el nacionalismo, la “convivencia” pasa por la asimilación y la asunción como “normal” una situación de discriminación basada en la lengua, y el “conflicto inexistente” se fundamenta en el silencio de los discriminados.

Resulta sorprendente –y cínico- otras de los motivos expresados por CiU para justificar la moción: “precisamente por la pluralidad social de Badalona es clave que el modelo de inmersión lingüística se mantenga como mecanismo pedagógico a las escuelas de la ciudad con objeto de garantizar la cohesión social y la igualdad de oportunidades entre los alumnos”.

Es decir como Badalona es culturalmente plural, es necesario obligar a estudiar a los alumnos solo en catalán, y en zonas sin “pluralidad” lingüística (como Seva, según nos recordaba recientemente La Vanguardia) también es necesario hacerlo…y por cohesión social quizás entienden uniformización forzosa e igualdad de oportunidades se referirán a tener el plácet para medrar en el econosistema creado por el nacionalismo gracias al erario público.

Pero más que sorprendente, resulta democráticamente alarmante que una institución pública sea utilizada para cercenar la libertad de expresión vehiculada a través de una de las pocas organizaciones civiles no controladas por la Generalitat, para coartar la libre actuación política y ciudadana, parece que la intolerancia hacia lo no políticamente correcto, hacia la disidencia, está tomando tintes cada vez más totalitarios.

De igual forma, hemos visto cómo otros ayuntamientos como el de Sitges y el de Llardecans han cambiado la denominación de plazas y calles por tener nombres tan “aberrantes” como España o Constitución, ¿considerarán que el nombre hace la cosa?, ¿pretenden silenciar no solo al ciudadano sino también a la ciudad?

Aunque detrás de esta obcecación por eliminar de nuestras calles toda referencia a España podemos vislumbrar el método que pretende imponer el nacionalismo en nuestra arena sociopolítica, básicamente un gobierno de la minoría que impone sus ideas a una mayoría en la creencia de una superioridad no solo política sino también moral.

Veamos el caso de Sitges (esquema que se repite en el de Llardecans), una organización “civil” como la ANC (Asamblea Nacional Catalana) convertida en aparato de movilización social en la órbita de ERC, hace una acción en la Plaza de España del municipio, uno de los partidos políticos en el ayuntamiento presenta una moción (las CUP en este caso) para cambiar el nombre de la plaza y de la calle de España, CiU y la CUP votan a favor, el PSC se abstiene (no vaya a ser que hagan algo de política) y el PP vota en contra.

Seguidamente montan una “consulta” para que el “pueblo” se pronuncie para que las calles retomen su nombre original (o histórico, ¿histórico hasta dónde llega la memoria o hasta dónde interesa al político?), dicha consulta consigue el récord de participación ciudadana del 3,44% del censo electoral (624 personas), el 59,3% (370 ciudadanos) vota a favor del cambio, y, por tanto, queda aprobado.

Este es el mismo esquema que encontramos en el Proceso, en el “derecho a decidir”:

  1. ·       El poder nacionalista crea, fomenta y subvenciona una serie de organizaciones civiles con las que movilizar a la sociedad civil en pos de la “construcción nacional”.
  2. ·       Éstas promueven y magnifican mediáticamente una serie de movilizaciones con reclamaciones/motivaciones más o menos claras o explícitas.
  3. ·       Los partidos políticos nacionalistas “escuchan” a la sociedad civil teledirigida, se inventan un mandato imperativo mediático, y maniobran políticamente para impulsar el Proceso independentista.
  4. ·       Presentan un ilegal referéndum de autodeterminación disfrazado de “consulta” para dar la voz a ese pueblo que se ha manifestado (movilizado y encuadrado tras las filas del Movimiento).
  5. ·       Se diseña un tipo de consulta y pregunta en la que voten pocos, que sean los suyos, que parezcan porcentualmente muchos y así se legitime un golpe de Estado implícito y diferido.

Pero ¿qué están haciendo el Gobierno y el Estado ante esta situación de manipulación política y acoso a la libertad?, ¿qué están haciendo los grandes partidos nacionales al respecto (más allá de pelearse política y electoralmente repitiendo el dañino cortoplacismo que ha padecido la política nacional desde la recuperación de la democracia)?, ¿por qué han tenido que esperar a UPD para afrontar el desafío del nacionalismo catalán?, ¿será qué temen perder votos del caladero catalán?.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído