Diario de un NO nacionalista

Mentiras, estructuras de Estado y pensamiento único

Mentiras, estructuras de Estado y pensamiento único
Hispanofobia en Cataluña. EP

“…la Generalitat está creando estructuras de Estado… sin siquiera esperar al resultado del hipotético e ilegal referéndum, como si supieran de antemano el resultado de la primera pregunta de la consulta, como si dicha pregunta solo fuese un elemento estético… Como si dicha primera pregunta solo fuese una cortina de humo, un artificio con el que tapar el adjetivo implícito –la independencia-…”

El Proceso –sí, proceso en mayúscula, es el lenguaje de la exageración que tanto gusta usar al nacionalismo- se basa en mentiras de todo tipo, las encontramos en todos los discursos, en las informaciones, en la supuesta objetividad de lo científico, en la deformación de la historia, en episodios conscientemente olvidados, en efemérides convertidas en actos de propaganda.

Todas las mañanas, desde los púlpitos nacionalistas de RAC1, se recuerdan efemérides históricas cercanas en el tiempo, para seguidamente (y acompañado de una banda sonora más propia de un relato épico) recuerdan lo que estaba pasando tal día de 1714, curiosamente se narra dicha historia como si estuviese ocurriendo en el presente, como si se plegase el tiempo y nos encontrásemos en plena guerra de Sucesión.

Naturalmente este es uno de los episodios que diariamente trufan la realidad mediática catalana, aunque lo que subyace a todo ello es la creación e inoculación entre el gran público de un pensamiento único, de un universo de referencia con el que “concienciar” a la población de las bondades y, sobre todo, de las verdades autoevidentes de los postulados nacionalistas, hay que hacer pasar imperativo categórico lo que no llega ni a hipotético…

Es un razonamiento estratégico que usa todas las herramientas para alcanzar el objetivo final, aunque dicha razón instrumental a veces choca con la visceralidad (pública) de quién no concibe que haya alguien en Cataluña que pueda llegar a discrepar, el último caso lo encontramos en las declaraciones del socialista y exconsejero de economía con el Tripartito (Tripartitos que nos “legaron” la bonita cifra de deuda pública de 50.000 millones de euros), Antoni Castells.

Tras la segunda reunión del Pacto Nacional por el Derecho a Decidir (nacional se ha convertido en un adjetivo que legitima y dota de recursos públicos las más variopintas iniciativas) que ha reunido a 1600 organizaciones de todo tipo, desde las omnipresentes ANC y Òmnium Cultural, hasta los sindicatos Nacionales CC.OO. y UGT, TV3 ha entrevistado al exconsejero Castells en la que ha reconocido la falacia de los 16.000 millones que regarían las exiguas arcas públicas de una Cataluña independiente, pero también ha lamentado “la fractura entre empresarios y políticos en el proceso hacia el referéndum. Los temas de país nos implican a todos.”

Es tremendamente llamativo que un político como Antoni Castells, que ha ejercido importantes responsabilidades públicas, no entienda que en un sistema democrático la división de opiniones, la “fractura” en los posicionamientos políticos, no solo es algo normal, sino que, además es necesario, que el mero hecho de que existan distintas formas de entender la realidad es el motor de la perfectibilidad, que el adjetivar la realidad política (“temas de país”…nacionales…etc.) solo es una estrategia más con la que constreñir la pluralidad democrática, para crear un cinturón sanitario que impide la disensión.

Esa razón estratégica de la que hablaba más arriba es igualmente cínica, veamos una de las conclusiones del Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, en el documento de la reunión piden “…centrarse en el derecho a decidir…y obviar cualquier debate respecto al sentido del voto…”, como no, sobre el llamado “derecho a decidir” sobrevuela un adjetivo implícito: la independencia, y obviar lo evidente solo busca manipular a la población.

Naturalmente el mantra de que solo quieren “poder decidir”, “poder votar” o “el ejercicio democrático del voto”, tiene garantizada su divulgación, su repetición una y otra vez hasta la náusea gracias al denso entramado de medios de comunicación públicos y subvencionados al servicio de la Causa, pero ¿existe una correlación entre lo que dicen que quieren y lo que hace la Generalitat?, ¿es equivalente el predicamento y la praxis?

Veámoslo, los próceros del nacionalismo, reunidos subrepticiamente en el Palacio de la Generalitat, llegaron a un acuerdo respecto a qué preguntarían a los catalanes en el momento de llevar a la práctica el “derecho a decidir”, adujeron que se trataba de una pregunta binaria inclusiva, en la que en la primera parte se dilucidaría si Cataluña debe ser un “Estado” o no, y la segunda respondería respecto independencia sí o no…

Pues bien, si nos damos cuenta, la Generalitat está creando estructuras de Estado (la hacienda catalana o “propia” es el último caso) sin siquiera esperar al resultado del hipotético e ilegal referéndum, como si supieran de antemano el resultado de la primera pregunta de la consulta, como si dicha pregunta solo fuese un elemento estético para el electorado de partidos ambiguos “nacionalmente” como ICV o los socios de Convergencia UDC.

Como si dicha primera pregunta solo fuese una cortina de humo, un artificio con el que tapar el adjetivo implícito –la independencia– que con tanto ahínco tratan de ocultar los políticos y los medios de comunicación afines al nacionalismo.

 

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