La joyita pictórica se encuentra en la actualidad, magníficamente tratada, eso sí, en la National Gallery of Canada, sita en Otawa

Cuando un ‘Greco’ se vendía por 360 euros (60.000 pesetas)

Cuando un 'Greco' se vendía por 360 euros (60.000 pesetas)

La nota la firmaJosé Rosell Villasevil en ‘ABC’ y no tiene desperdicio:

No solo el Greco habría de pasar el oscuro purgatorio de casi tres siglos de olvido y silencio perdido en la más absoluta indiferencia; no solo al despertar del siglo XX en ese mundillo intelectual y salvador, sin duda compuesto por una élite escogida, que se movía no obstante en escenario tan pobremente decorado como escaso de luces populares, sino que había de servir, y aun dentro de tan suma ignorancia, para sacar de apuros a más de una parroquia, monasterio o cualquier tipo de penuria socio-eclesial. En él se hallaba sin duda la perfecta conjugación entre la necesidad y la incultura.

Pero también es cierto que algunos, dentro de estas profundas tinieblas, sí sabían lo que se traían entre manos (lo que se llevaban, mejor dicho); este debió ser el caso concreto en que se vio inmerso nuestro querido pueblo de Nambroca, quien debía pasar por una gran crisis en sus arcas municipales, así como en los flacos bolsillos de sus honestos ciudadanos de a pie.

Corrían malos tiempos, sin lugar a dudas, en aquel año de 1927, cuando a la torre de la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación de Nambroca le vino en nefasta suerte la necesidad de derrumbarse parcialmente, causando al mismo tiempo graves daños materiales en la techumbre de la nave central de la iglesia.

Enorme desgracia, porque un templo sin campanas es como mezquita sin alminar, máxime si, además, no pueden celebrarse debidamente los oficios religiosos; terrible contratiempo de proporciones irreparables, porque irreparable era tal desaguisado merced a la exhausta economía que ahogara al entrañable municipio toledano.

La solución más coherente vino a ofrecerla el señor cura párroco, a la sazón don Francisco Vargas Rojo, quien se sintió apoyado con el visto bueno de la superioridad eclesiástica, la laica bendición de los munícipes y la anuencia unánime y agradecida de un pueblo sincero que quería, dignamente, seguir viviendo a lo cristiano.

Así que vendieron a un marchante feliz y dicharachero el magnífico cuadro de Dominico Greco que lleva por título «San Francisco de Asís y el hermano León», pese a llevar tantos años, siglos en su iglesia, provinente de la donación de la familia nambroqueña compuesta por Eugenio Quesada y Ana Barúa, su esposa.

La valiosa pintura, uno de los «infinitos sanfranciscos» que salieran de la «factoría Greco» de Toledo, no obstante ésta firmada de legítima autografía del genial cretense, afincado en nuestra ciudad museo y paraíso de personas creativas.

Sesenta mil pesetas (un capital para entonces), les dieron por el cuadro; cantidad que se destinaría íntegramente para levantar el honor, la techumbre y la torre de los sufridos nambroqueños.

La joyita pictórica se encuentra en la actualidad, magníficamente tratada, eso sí, en la National Gallery of Canada, sita en Otawa. Descanse en la paz del bello Museo, como una más de esa inmensa legión de grecos que fueron expoliados de Toledo y su entorno al despertar balbuciente del largo sueño que padeciera el genial Theotocópuli.

Esta importante reseña se debe a la sagaz búsqueda del prestigioso investigador don Antonio Martín Salamanca. Para él nuestro sincero agradecimiento.

 

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