Diario de un NO nacionalista

Orgullo y vergüenza

“Quizás sea la diversidad, la diferencia y la pluralidad democrática lo que molesta profundamente a quienes se ofuscan en una concepción romántica e, incluso, preilustrada de la política…”

El día después de que el Presidente de la Generalitat nos recibiese en una reunión privada en la que le expusimos, entre otras cuestiones, la necesidad de no tener unos medios de comunicación públicos volcados por y para la consulta secesionista para que la ciudadanía tuviese una información veraz y plural, Els Matins de TV3 nos ha saludado con una tertulia en la que se han dedicado a denostar no solo a Societat Civil Catalana sino, sobre todo, a un discurso que apuesta por la diversidad, el diálogo y la democracia.

Quizás sea la diversidad, la diferencia y la pluralidad democrática lo que molesta profundamente a quienes se ofuscan en una concepción romántica e incluso preilustrada de la política, será que quienes parten de prenociones identitaristas no soportan que haya quien se atreva a decir en voz alta que discrepa, que no está de acuerdo, que no quiere dejarse arrastrar por el ambiente de unanimidad que han tratado de inocular en la sociedad catalana.

Los participantes en la tertulia han mostrado esa inquina hacia la disensión, se han dedicado a repartir carnets de demócratas, carnet al que paradójicamente solo pueden acceder aquellos que están a favor de realizar un ilegal referéndum de autodeterminación, aquellos que sumisamente acaten los designios de esta vanguardia ¿ilustrada?, aquellos que como mínimo callen y otorguen, los demás, los que solo pedimos que se cumplan las leyes, que se sigan los procedimientos democráticos, que apostamos por un diálogo sincero y objetivo… todos nosotros, esa mayoría silenciosa y silenciada, somos tachados de “antidemócratas”…

Imagino que a quienes llevan decenios acaparando el discurso público, a quienes llevan practicando una labor de ingeniería social en pos de la ruptura con el resto de España, les incomoda la libertad de expresión, y ¿qué mejor que utilizar un medio de comunicación público para denigrar y mofarse del “diferente”?, ¿qué mejor que usar recursos públicos para estigmatizar mediáticamente al que osa a disentir?

Todo esto no es nuevo, si partes de presupuestos irracionales como la preexistencia de naciones culturales que necesariamente han de convertirse en un Estado, cualquier planteamiento contrario a ello es tomado como una anomalía, como un elemento extraño que debe ser extirpado para evitar el “efecto contagio”, naturalmente lo que temen es que una visión distinta a la Visión impuesta pueda llegar a hacer una brecha en una narración política convertida en una especie de sentido común socializado.

Lo que temen es que un discurso sencillo, claro e inclusivo como el que defendemos de Societat Civil Catalana se convierta en una «bola de nieve tóxica», pero ¿desde cuándo apostar el imperio de las leyes, el Estado de Derecho y la democracia puede ser tóxico?, ¿desde cuándo apostar por el diálogo, la pluralidad política y la diversidad cultural puede ser antidemocrático?, ¿desde cuándo exigir que se cumplan los procedimientos democráticos nos convierte en quintacolumnistas?

El problema radica en que lo que subyace en el discurso buenista e «ilusionante» del secesionismo es una concepción antagonista de la discrepancia política, conciben y propugnan una sociedad instalada en la anomia para alcanzar sus objetivos, perciben la realidad como si de un enfrentamiento entre entidades organicistas se tratara, entre una «España» agresiva y una «Cataluña» a la defensiva, por ello les escuece que hayan catalanes que no tengan miedo a hablar en voz alta y nieguen la mayor: ¡se puede ser catalán y sentirse español sin ningún tipo de complejo ni adscripción política preconcebida!.

Contemplar una tertulia pagada por todos los catalanes en la que no hay ni un atisbo de discrepancia, dónde parece que haya una Verdad que está por encima del derecho a disentir, dónde la libertad de expresión está condicionada a creer en unas «verdades históricas» y en un programa político, como ciudadano catalán, como demócrata convencido, me da vergüenza, pero como resistente ante la ola de imposición política-identitaria me siento orgulloso de esta Cataluña abierta, plural y diversa que reivindica su derecho a ser considerados ciudadanos de primera sea cual sea su forma de pensar, cualquiera que sea su forma de vivir su propia existencia.


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