NO SE ATREVE CON LOS PESOS PESADOS DE PSOE ANDALUZ

Pedro Sánchez hará la vista gorda con la corrupción que acecha a Susana de cara a las andaluzas

Pedro Sánchez hará la vista gorda con la corrupción que acecha a Susana de cara a las andaluzas
Susana Díaz. PP.

¿Actuará Pedro Sánchez con Susana Díaz con la misma contundencia y determinación que ha demostrado hacia Tomás Gómez? Nadie contempla esta hipótesis

Como si el destino se hubiera vuelto en su contra, a Susana Díaz le crecen los enanos en el peor momento posible. La sospecha de la corrupción arrecia sobre el PSOE andaluz justo cuando la candidata socialista a la Junta de Andalucía afronta la precampaña de unas elecciones adelantadas a conciencia.

La presidenta andaluza, que fijó los comicios el 22 de marzo para ganar tiempo en su carrera con Pedro Sánchez por llegar a la Moncloa, no contaba con las vicisitudes que se le iban a presentar por el camino, fruto de una herencia envenenada: la de Chaves y Griñán.

Díaz se ha desayunado esta semana con dos noticias que sitúan a su partido en el centro de la diana de la corrupción en Andalucía. Si el martes la policía realizaba decenas de detenciones por supuestas irregularidades en la concesión de subvenciones a empresas para cursos de formación con numerosos cargos del PSOE implicados -la exalcaldesa socialista de Jerez, Pilar Sánchez ha sido imputada-, ayer un nuevo presunto caso de corrupción salpicaba a Susana Díaz relacionado con la trama de los ERE.

El Tribunal Supremo ha ordenado una investigación sobre dos de los aforados implicados en este caso, la senadora Mar Moreno y el diputado Gaspar Zarrías, centrada en los actos que adoptaron como consejeros de presidencia de la Junta de Andalucía y que podrían estar relacionados con los hechos que son objeto de la causa remitida por la juez de Sevilla, Mercedes Alaya.

Se trata de un doble mazazo para Díaz en su ambicioso plan de ganar las elecciones en Andalucía para dar el salto a las primarias del PSOE de las que saldrá el candidato a batirse con PP y Podemos por ocupar la Moncloa.

Con noticias así, Díaz ve frenada sus esperanzas de completar la jugada maestra que puso en práctica en enero rompiendo con su socio de gobierno -IU- y anunciando el adelanto de las autonómicas.

También son tiempos difícil, vitales, para el liderazgo de Pedro Sánchez, que está afrontando la peor semana desde su llegada a la secretaría general del partido. Su decisión de fulminar a Tomas Gómez de la dirección del Partido Socialista Madrileño ha suscitado la reacción de históricos dirigentes del PSOE que no entienden al secretario general partido.

El expresidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, califica la maniobra de Sánchez de irresponsable.

«Es una improvisación y una irresponsabilidad, me ha sentado muy mal. En un partido serio para echar a una persona de unas listas que han sido aprobadas tiene que ser por una cosa gravísima, pero no es el caso porque lo del tranvía de Parla es un cuento chino. Tomás Gómez no ha cometido ningún delito».

¿Actuará Pedro Sánchez con Susana Díaz con la misma contundencia y determinación que ha demostrado hacia Tomás Gómez? Nadie contempla esta hipótesis. Un segundo tiro en el pie del partido sería ya demasiado.

Y sin embargo, la densidad de la corrupción en Andalucía y el número de miembros del PSOE imputados constituirían un motivo de más peso que los que han costado el puesto a Gómez en la federación de Madrid.

Incluso en el improbable caso de que Sánchez quisiera cobrarse a Díaz, otra candidata a las elecciones autonómicas en ciernes -las andaluzas dos meses antes que el resto-, tal posibilidad sería -ahora sí- el principio del fin del PSOE.

Porque si hay alguien en la primera línea del partido que aúne el consenso del grueso de los barones y de históricos dirigentes como Felipe González, es Susana Díaz.

LA ÚLTIMA ESPERANZA SOCIALISTA

En un momento en el que el PSOE se debate entre el ser o no ser, la presidenta andaluza representa la última esperanza socialista (La Esperanza de Triana, la llaman con gracejo en Sevilla) no sólo de reconducir su partido y salvarlo de la peor crisis interna de los últimos 35 años, sino de salvar el edificio del régimen constitucional del 78.
Porque en Sánchez ya no confía casi nadie. Por lo menos, como candidato a las elecciones generales. De ahí que José Bono y el expresidente Zapatero apuñalaran al madrileño al reunirse en secreto con la cúpula de Podemos.

Según ha podido saber Periodista Digital, otros destacados socialistas como el exministro del Interior, José Antonio Alonso, manifestaban en privado el gran malestar que existe en el seno del partido con Pedro Sánchez.

Por si el terreno no estuviera lo suficiente allanado para Susana Díaz, desde el PP, por supuesto, también la ven con buenos ojos. Rajoy, que mantuvo un encuentro con la andaluza en la Moncloa en diciembre, entiende que se trata de la encarnación de un PSOE con el que, superada la etapa de Zapatero, sí se puede pactar.

Si el escenario político en España sigue el camino que marcan las encuestas -retroceso del bipartidismo y auge de Podemos- es más que probable que sin socialistas y populares cerca de la mayoría absoluta, ambos establezcan por primera vez en la historia de la democracia española un gobierno de coalición que permita mantener a flote la constitución de 1978.

La contrapartida a este pacto sería el compromiso del PP de dejar gobernar en solitario a Susana Díaz en Andalucía si, como parece, no obtiene la mayoría absoluta en las autonómicas del 22 de marzo. En cinco semanas tendremos noticias de la primera cita con las urnas del curso político más importante desde la Transición.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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