Atrofiando a mis hijos en la escuela

Atrofiando a mis hijos en la escuela
Ivar Matusevich

Para Eduardo Madina, por inspirarme sin proponérselo.

El mundo solo por el cielo solo.

Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa

Federico García Lorca (Navidad en el Hudson)

No puedo negar que cada mañana, cuando dejo a mis hijos en la escuela, siento tristeza. Veinticinco horas semanales son muchas para intentar reconvertir una sociedad en ruinas en otra forma desarrollada por valores de convivencia, sin caer en tópicos ni defensas maniqueas. Apuntamos mal y disparamos peor mientras creen -los padres- que las reválidas de Wert y su basura Ley educativa, son la gran puerta que separan a nuestros niños de un maravilloso futuro. Es mentira, nuestro futuro, su futuro, es una gran trituradora de carne, sueños y vacío.

Siento vergüenza y pena cuando la única forma de festejar la Navidad es hacerle el juego al enviado o enviada de una Conferencia Episcopal corrompida por anacronismos propios de argumentar el Bien para conseguir el Mal. ¿Sabe usted, España mía, que su tradición también es Lorca? ¿O es que en la cuneta donde se retuerce aún aúllan nuestras miserias?

Siento tristeza porque todo se resume a un ejercicio memorístico cuando el ejercicio memorístico es un proceso técnico pero nunca un fin en sí mismo. Siento tristeza porque se enseña a leer y a escribir con 4 años, cuando es un tiempo nuevo que pide a gritos relacionar libremente las abstracciones que, con la asunción de elementos de la realidad tangible, acabarán siendo números, fórmulas y objetos concretos. Asimilar la vida tal y como la ve un niño a esa edad para después compaginar su visión con la del status quo. ¿Podemos dar una oportunidad al vuelo de la imaginación y la creatividad?

Siento pena porque lo que preguntan los padres y madres a las 14.05 es ¿qué tienes que estudiar? ¿Tienes deberes? ¿Llegará el día en el que preguntemos qué aprendiste o qué piensas de lo que te enseñaron? ¿Podemos asumir una educación en la que a las 9 se estudian las partículas del universo y a las 10 se repite como posesos -y con nota- que el universo lo creó dios -el suyo-, claro?

Siento tristeza porque el sentido de justicia de algunos de los maestros es el «grita Paquito, todos sin recreo», en un afán por convertir al «travieso» en el criminal señalado por sus propios compañeros. Exclusión premeditada, si el maestro supiera lo que hace, pero me temo que su conducta es producto de un modelo que sigue desempolvándose la lacra franquista y la excitación que les provocaba el chivato, la rapada y el excluido por las razones que sea.

Siento enorme tristeza del orgullo que siento. Me explico: uno de los maestros le dijo a mi compañera que «no puede ser que su hijo se meta en todo y defienda a sus compañeras cuando cree que yo las riño injustamente». Mi mujer le contestó que criamos a nuestros hijos en valores de compromiso y solidaridad y que lo que para él era un problema, para nosotros es un orgullo que seguiremos potenciando.
Siento tristeza cuando algunos maestros-as inducen a comer rápido «porque si no te quedas sin recreo». Docentes del mundo apegados y apegadas al móvil o al cigarro ¡debe ser premiado el que coma más lento porque comer lentamente es salud y una sociedad sana es más feliz y más económica!

Siento tristeza, hasta la lágrima, porque una vez que leí el artículo que compartió uno de los grandes referentes de este país, Eduardo Madina, me di cuenta lo lejos que estamos de una educación en la «que la catequesis religiosa debería desaparecer de la escuela, pues no hacía sino adelantar las diferencias que dividen a los seres humanos, ignorando la raíz común de humanidad que los une a todos. Que las conquistas de la ciencia expresan el camino del ser humano hacia la verdad, la única verdad que hay que respetar por encima de tradiciones, prejuicios y supersticiones. Que estudiar para examinarse una y otra vez es necio y dañino, pues mina la salud sin descubrir al niño el goce del estudio y el descubrimiento.»

¿Seremos capaces de cambiar algo, algún día? ¿O viviremos dispuestos a seguir doblando las banderas en un mundo de mediocres y astutos personajes que de la oscuridad nos llevan a la nada? No tengo respuesta mientras todo un sistema nos doblega creyendo que el futuro se construye por arriba. Siento tristeza.

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