Los Tío Gilito mandan mucho

Los Tío Gilito mandan mucho
Fernando Solís

Hablando del gasto público de los Estados en pensiones y sanidad, Lagarde, dueña y señora del FMI, ha dicho que los ciudadanos vivimos demasiado tiempo en la actualidad….sin producir para los mercados, supongo que habrá querido decir. Ya saben, NO se les ocurra vivir mas allá de cinco años después de jubilarse, o serán considerados gorrones para la economía global; en esto de los avances tecnológicos, sanitarios y consecuente aumento de la esperanza de vida, va a pasar como con los límites de velocidad que fijan las administraciones por seguridad vial, mientras que los fabricantes de vehículos siguen produciendo y vendiendo motores cada vez más potentes y rápidos.

Miedo me da que los Tío Gilito Globales descubran la conveniencia macroeconómica de aconsejar una fecha de caducidad vital; además de la crueldad de su comentario (digno de un apelativo que me reservo), Lagarde no es que predique con su ejemplo (al igual que otros tantos), pues en lugar de contribuir a la contención del gasto público global congelando o disminuyendo sus emolumentos, se lo subió nada más acceder al cargo, poniéndose 14 pagas de más de 23.000 euros netos (ella se lo merece, claro que si), algo incongruente con la moderación salarial que recomienda el FMI a los estados nacionales y exige a los rescatados, intervenidos o controlados.

Es descorazonador que a pesar de las desigualdades sociales, de la precariedad laboral, de los millares de familias desahuciadas, del incremento de la exclusión generada, los gobiernos nacionales y órganos supranacionales de control económico en el poder defiendan la tesis de que las políticas económicas neoliberales seguidas en los últimos tiempos son exitosas, y que la economía es algo «técnico» y debe dejarse a los especialistas decidir la política económica, convirtiendo en dogma la famosa frase de campaña «Es la economía, estúpido», pronunciada por el marido de Hillary Clinton.

Al contrario, así como las consecuencias de la guerra son demasiado transcendentes para los pueblos como para dejar que las decidan solo los militares, algo similar pasa con la economía, esencialmente política, y no debemos dejarla en manos de técnicos, burócratas y asimilados: las medidas económicas provocan que unos ganen y otros pierdan, que unos reciban réditos mientras que otros son desahuciados; y los recortes generalizados que se deciden por exigencia de los oráculos de la economía tienen consecuencias en como viven y malviven la mayoría de los seres humanos.

Las políticas económicas y sociales neoliberales aplicadas en las últimas décadas en el mundo tienden a la no intervención del Estado en la economía, postulando que esta es el motor del desarrollo eficiente de la sociedad y por lo tanto hay que eliminar todo tipo de regulaciones para que el libre-mercado nos procure mayor riqueza y bienestar; como es natural, esta teoría tiene defensores y detractores, en función del rol social que a unos y otros nos toque ocupar en la vida y de las ideas y pensamiento personales; los resultados del neoliberalismo ahí están, tan objetivos y subjetivos como cada uno de nosotros interpretemos.

El manejo económico a gran escala se desentiende de la democracia, del clamor de la calle y también de gobiernos electos. La impopular Troika y sus directivos intervienen nuestras economías, deciden recortes y el grado de austeridad que debemos soportar los ciudadanos europeos, y yo me pregunto ¿a la Troika y a los que representan les importa un rábano si los pobres europeos periféricos comemos, pasamos frio, nos medicamos o sufrimos?, ¿no deberíamos los ciudadanos europeos votar en las urnas a los directivos de la Troika y demás órganos de gobernanza económica?

La actividad económica preside nuestros días y la política económica es tan importante que no puede ser decidida entre cuatro paredes: la democracia y la política tienen que decidir sobre ella; y no es descabellado pensar que también tendríamos que elegir democráticamente a los rectores de los órganos de los asuntos económicos que tanto afectan a nuestras vidas con sus decisiones, como la gerente del FMI, el presidente del BCE, etcétera.

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