La política ha muerto, viva la política

La política ha muerto, viva la política
Iván Sánchez

En cierta ocasión escuché a Guillermo Fernández Vara decir «La política ha muerto, viva la política», y es que, la fotografía fácil, el postureo, las promesas y el merchandising, ya han pasado de moda, los que no quieran verlo están más cerca del paleolítico y de la derrota electoral que de la época actual y el gobierno. Tal es así, que debido a esas prácticas tan reiteradas la ciudadanía ha llegado a detestar la política, cuando en realidad es la única herramienta civilizada de la que disponemos para transformar la sociedad.

Los ciudadanos demandan dirigentes políticos con sinceridad, compromiso y seriedad, que tengan un plan de futuro realizable y pegado a la realidad (que sepan cuánto cuesta una barra de pan), que gobiernen para las personas y no para los números. Se necesita una administración que sea un reflejo de la sociedad y que represente a todo el conjunto de la ciudadanía. Que legisle para aumentar el nivel de confort de las familias que ya están cansadas de escuchar palabras «totémicas» que en su vida cotidiana no tienen sentido, como «barril de brent, prima de riesgo, déficit, etc». La gestión política debe transcurrir por tres cauces que confluyan en un mismo destino: proporcionar, defender y garantizar el estado del bienestar de los ciudadanos, y todo lo que se haga al margen de eso, se debe considerar como corrupción. Los políticos de la actualidad también deberán comprender (si quieren dignificar ese oficio y su persona), que son «aves de paso», hombres y mujeres que vienen a prestar un valioso servicio y después deberán ceder su lugar a futuros talentos, la política activa no puede ser una salida laboral.

Otra de las «pegas» que se le atribuyen a la clase política es su «endiosamiento», podemos poner como ejemplo al alcalde de Plasencia, que lejos de saber lo que es, un funcionario público, se ha subido al carro de la «fama», muestra de ello es que se va de pregonero a los pueblos como si de una celebridad se tratara, quitándole ese lugar a un habitante ilustre. Como contrapunto a esto tenemos a David Núñez, candidato a la alcaldía de Plasencia por el PSOE, una persona sencilla y llana, pero con una gran capacidad de trabajo. Es un hombre que se resiste a la foto fácil «allí donde no se nos ve estamos» afirma Núñez, pero que trabaja en proyectos de calado local, nacional y europeo. Resumiendo: en Plasencia tenemos a Pizarro que se desvive por la foto y el discurso profético y a Núñez, que firma propuestas como crear una concejalía de barrios, poner un trabajador en cada uno de ellos y un plan integral de barrios. Propuestas fácilmente realizables que responden a la necesidad de los ciudadanos y al sentido común.

Estamos en tiempo de campaña electoral donde la promesa fácil es una moneda corriente, bien parece que cualquier acción pudiera ser posible en estos tiempos, aun recuerdo eso de «Lo primero el empleo» y todavía seguimos esperándolo. Sin embargo el gesto de Guillermo Fernández Vara, de presentar una serie de propuestas que cumplir en un plazo determinado ante notario, es un paso más hacia la democracia y el compromiso. De este modo Vara está impulsando una regeneración democrática con nuevas maneras de afrontar problemas actuales. Si bien es cierto que hay que apoyarse en referentes ideológicos y de conducta para no perder la identidad y el rumbo, la integración de nuevas formas de hacer política es lo que se demanda desde la ciudadanía.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído