El PSOE gana con claridad, aunque en minoría, unas elecciones que anticipó para evitar la consolidación del populismo

Ciudadanos tiene la llave andaluza de la gobernabilidad en Andalucía

La fragmentación del voto se ha producido, aunque en menor medida de lo anunciado

Susana Díaz ha sido la más votada de las elecciones andaluzas, pero necesitará pactos al quedarse a ocho escaños de la mayoría absoluta

La fragmentación del voto se ha producido, aunque en menor medida de lo anunciado, y el PSOE gana con claridad, aunque en minoría, unas elecciones que anticipó para evitar la consolidación del populismo, objetivo que parece haber logrado.

Como explica Juan Fernando Robles en ‘El Economista’, este 23 de marzo de 2015, el electorado andaluz ha vuelto a reafirmar su conservadurismo y una gran aversión al cambio, como era previsible.

El PP se desploma en porcentaje de voto, pero algo menos en escaños de lo que le daban las encuestas, y ha sido el gran perdedor catalizando todo el descontento que ha provocado la crisis.

Aunque Podemos ha conseguido un aparente 15% de votos, apenas penetra en la Andalucía rural y su mayor caladero de votos se sitúa en las ciudades más pobladas. En el reparto de escaños no alcanza las expectativas que le daban las encuestas y queda relegado a un papel muy secundario, como una especie de IU algo más vigorosa y renovada.

Es evidente que la mayor parte del electorado identifica a esta opción como izquierda radical, pues ha fagocitado a IU, lo que aleja a esta formación de tener un papel decisivo a nivel nacional, al estilo de Syriza en Grecia. Es, quizás, el principio del paulatino desinfle de una fuerza que de ser perdedora limitará el aparente entusiasmo que genera, sobre todo tras las arrogantes alocuciones de sus líderes que han vendido un cambio que no se ha producido ni todo apunta se vaya a producir en el futuro.

Hacia una bisagra nacional

Ciudadanos, a pesar de su apresurada irrupción en estas elecciones, obtiene un resultado que pudiera ser decisivo para la gobernabilidad de Andalucía, lo que puede catapultarle al papel de bisagra a nivel nacional, algo que puede colmar sus expectativas en el corto plazo, pero que deberá, de producirse, administrar muy bien para evitar sus efectos indeseados.

Esta formación parece haber limitado la captación de descontentos por Podemos y ha hecho daño al PP en mucha mayor medida que al PSOE. A pesar de ser la cuarta fuerza política, se pueden considerar más agraciados que en Podemos, más que nada porque su posibilismo, manifestado en la campaña, y su no negación de los pactos les hacen más apto para llegar a acuerdos.

El resultado no genera especial inquietud para el conjunto de la política española en cuanto a la radicalización del electorado, fenómeno que sólo se ha producido muy parcialmente. Así, la incertidumbre económica que podría haber generado una mayor eclosión del populismo se ha mitigado, sino eliminado.

El hecho de que las dos fuerzas políticas que desde el centro del espectro político han dirigido España desde la transición hayan mantenido las primeras posiciones, como era de esperar, sitúa la gobernabilidad de España en unos parámetros de más estabilidad, sobre todo si son conscientes de la necesidad de cortar de raíz las aspiraciones de poder del populismo.

Un aspecto que es evidente puede cambiar el mapa político es el papel que en el futuro pueda tener Ciudadanos que, ocupando un espacio centrista, que siempre ha tenido cierto éxito en España, podría sustituir a los partidos nacionalistas en las alianzas para formar Gobiernos cuando la fuerza ganadora esté en minoría, un papel para el que Podemos no parece, en principio, apto por su vocación hegemónica y sustitutiva, obviamente y en estas elecciones ampliamente frustrado.

PP, el gran perdedor

El PP, como gran perdedor de la jornada, se acerca al abismo de no repetir legislatura como continúe esta tendencia porque no obtiene el reconocimiento de los ciudadanos, por lo menos andaluces, de los méritos de haber estabilizado la situación económica de un país que se encontraron al borde de la quiebra. Mucho han de mejorar la comunicación y la imagen para poder sobreponerse a la debacle que supone el hecho de recoger todo el descontento popular estando en la oposición en Andalucía, algo insólito y que sólo se explica haciendo una lectura a nivel nacional.

Las políticas del PP para salir de la crisis, sean o no acertadas, han provocado el enfado de la población, que aún no percibe los beneficios en lo micro de una situación macro más enderezada. De aquí a las próximas elecciones generales no hay tiempo para cambiar este sentimiento.

Podemos y Ciudadanos van a desbaratar, eso sí, otros Gobiernos autonómicos, ya que las mayorías absolutas quedan lejos de lo posible aun a pesar de que la fragmentación no haya sido tan acusada como se vaticinaba.

Para terminar, el papel más destacado de cara al futuro no corresponderá a Podemos, sino a Ciudadanos, que tiene todas las ventajas para ocupar un espectro político centrista que podría destrozar las aspiraciones de gobierno del PP en el futuro.

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