DON QUIJOTE CABALGA DE NUEVO

DON QUIJOTE CABALGA DE NUEVO
Fernando Solís. Europa Press

Cervantes ha sido recordado de nuevo; el contexto mundial de inconformismo y quejas populares por demandas insatisfechas, por expectativas truncadas o inciertas, por la inexistencia de individuos que conciten el respeto y credibilidad generales puede ser propicio para el resurgimiento de caballeros andantes remozados que se vean impelidos moralmente a tratar de enderezar entuertos, como nuestro inmortal Don Quijote, un loco de su tiempo por la gracia y letra del genial escritor que lo creó.

En un lugar cercano a La Mancha, cuyo nombre no escribo ahora, Goytisolo recibió el Premio Cervantes hace unos días; merecido o no (juzguemos su obra, no su lugar de residencia), cada uno de nosotros tendremos nuestra opinión particular, corresponde felicitar al escritor, cuyo discurso para la ocasión, ayyy el discurso de Goytisolo……..¡que bien ha imitado la genialidad provocadora de Alonso Quijada¡

Octogenario, no pretendió subirse a ningún Rocinante y disertó desde el púlpito centenario, sin la armadura de etiqueta, ni mas lanza en ristre que su verbo comprometedor, mirando a la mesa presidencial, en la que desconozco si distinguía a sus engalanados ocupantes o imaginaba gigantes y malandrines.

Cervantes enloqueció al Quijote para denunciar injusticias de la época sin soliviantar ni ser juzgado. Goytisolo, desde sus privilegios de premiado y ante una audiencia encadenada por la cautividad del protocolo y las normas sistémicas, quiso y pudo contaminarse de aquella locura novelera, rebelarse contra el corsé de lo formal y descubrir sus pensamientos distintos, no para declarar sus amores por alguna lozana Dulcinea, sino para denunciar la injusticia, manifestar que las razones para indignarse son múltiples, que no debemos resignarnos ante el paro, la corrupción, la desigualdad, la precariedad o el exilio de los jóvenes, que debemos y podemos denunciar a los amos y esbirros que ejecutan o permiten el desalojo de los desahuciados y la corrupción escondida en la ingeniería financiera.

Al igual que no todos tenemos que haber leído o apreciado su obra, no todos interpretaremos igual esta cabalgada del Goytisolo Quijote, por prejuicios, por estereotipos, por ideología, por intolerancia o por vernos reflejados en los malandrines que quiso combatir en esta gesta de Alcalá de Henares, pero lo cierto es que la conciencia del escritor cuestionó los intereses políticos, sociales y partidistas, y eso tiene un precio que el supo empezar a pagar, comparándose irónicamente a Bárcenas ante la masiva presencia de medios de comunicación.

Me agrada nuestro romano Quijote Francisco, el Bueno, revestido de luz y transparencia aún sin las espuelas de oro heredadas, arremetiendo contra los gigantes del conformismo, de las injusticias aceptadas, y defendiendo la liberación de los cautivos de la pobreza y explotación humanas.

Aunque ya no sea enjuto ni seco, el gran Quijote Felipe ha sido atraído por voces de doncellas de ultramar para liberar cautivos en tierras de lejanos libertadores; hombre firme en sus recuerdos, alejado de galopes populares desde hace tiempo, y al que los pseudo-quijotes de aquellos lugares, anclados en su ínsula particular, proclaman feo Gigante queriendo evitar su presencia, que no dudan en declarar no grata.

Por razones alejadas de la cultura, han subido al rocín al Quijote Montoro, que carga lanza tributaria en ristre contra el felón Rodrigo Rato, quién, primero por Bankia y después por su presunto fraude, ha sido encadenado por el oficio fiscal. El antiguo hidalgo mudado a villano, ha sido desposeído de honores y prebendas en Telefónica, Servihabitat (la Caixa) y Banco Santander (además de otros privilegios y títulos), por los que cobraba un total de 600 mil vellones de oro anuales. Pobre Rato, ¿le condenará a galeras el Gran Registrador o le concederá 3 subsidios de desempleo?

En nuestra tierra extremeña, algún Quijote hubo y hay, de sonadas y atropelladas aventuras, pero permítanme obviar comentarios al respecto, para no errar a causa de la subjetividad propia del paisanaje.

¡¡Cuántos Quijotes¡¡ Total, para llegar a este mundo de locura que pisamos.

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