El tipo remata a puñaladas a su mujer en la habitación en que estaba ingresada

¿Qué habría que hacer con la juez que se negó hace 10 días a detener al asesino del hospital, a pesar de las recomendaciones de la Guardia Civil?

Aniceto Rodríguez, un jubilado orensano de 74 año, hirió hace un mes a Isabel y fingió que habían sido unos desconocidos

¿Qué habría que hacer con la juez que se negó hace 10 días a detener al asesino del hospital, a pesar de las recomendaciones de la Guardia Civil?
Crimen, sangre, asesino y cuchillo. PD

La Guardia Civil sospechaba que el agresor había propinado a su esposa la paliza que la dejó en coma hace un mes y pidió al Juzgado que le detuviera

El 28 de abril 2015, la Guardia Civil solicitó al Juzgado de Instrucción número 1 de la localidad orensana de Verín que detuviera a Aniceto R. C., de 75 años, porque sospechaba que era el autor de la agresión que mantenía a su mujer, Isabel F. F., de 65, ingresada en estado de coma en el Hospital de Orense desde un mes antes.

La juez se negó a detenerle y a dictar ningún tipo de medida cautelar contra él.

Este 8 de mayo de 2015, justo 10 días después de la petición estéril de la Guardia Civil al juzgado, Aniceto entró en la habitación de su mujer y la cosió a cuchilladas hasta quitarle la vida.

Isabel, la víctima, yacía en una cama del Complejo Hospitalario Universitario de Orense (CHUO) recuperándose de un traumatismo craneoencefálico que la había mantenido durante un mes en cuidados intensivos.

La mujer, de 65 años, había recibido el 3 de abril 2015 un golpe brutal en la cabeza con un objeto de hierro: su marido aseguró a la Guardia Civil que alguien había asaltado la vivienda familiar de Pazos, en las inmediaciones del municipio orensano de Verín, mientras él dormía en el piso superior y ella veía la televisión en la planta baja.

Pero tanto la Guardia Civil, que, según fuentes sanitarias, acudió a investigar estos días al hospital, como los vecinos más próximos pusieron en duda su testimonio.

Cuando Isabel mejoraba ya en planta y estaba a punto de recobrar el habla, Aniceto, que la custodiaba día y noche sentado en una silla a su lado, la dejó sin vida entre las sábanas.

Fue a las siete de la mañana, en la habitación que ocupaba la mujer junto a otra enferma. Ella no pudo gritar porque le habían practicado una traqueotomía.

La compañera de habitación dormía sola y bajo sedación, así que tampoco se percató de lo que sucedió a su vecina.

Inmediatamente, Aniceto se hirió a sí mismo con el cuchillo, pero no falleció, fue intervenido y sobrevivirá.

Como la juez que se negó a tomar medidas contra él, a pesar de lo que pedía y aconsejaba la Guardia Civil.

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