CARTA AL DIRECTOR

La monja argentina frente a la monja catalana

La monja argentina frente a la monja catalana
Sor Lucía Caram y sor Teresa Forcades. PD

Lucía Caram que en teoría es una monja dominica contemplativa y que hasta ha escrito un libro que lleva por título «Mi claustro es el mundo», nació hace ya casi cincuenta años en Tucumán (Argentina).

Se vino a España en la década de los noventa y desde entonces, al parecer, el claustro ya no es su mundo y prefiere el mundanal ruido de la televisión.

En tal sentido, al menos aparentemente, resulta que no encuentra al buen Dios en lo ordinario de la cocina, en los pucheros, y presuntamente desenamorada de la divinidad, deposita su locuaz amor en la persona del presidente de la Generalidad de Cataluña, el catalufo Artur Mas i Gavarró, el Artur.

La susodicha monja que cual buena argentina ha sido comprada, en términos simbólicos, por Artur Mas por lo que vale para luego, seguramente, venderla por lo que dice que vale, ha comentado en ciertos medios, como jactándose de tener entre el personal una importancia de la que realmente carece en nuestra opinión, que «su incontinencia verbal molesta» o aquello más simple e irrisorio de que «molesta a los lobbies conservadores que presionan al Vaticano para hacerla callar» o eso otro «molesta al Gobierno del PP, que discrepa de su postura en defensa de un referéndum».

Frases o expresiones estas que parece que han cautivado al piadoso Mas no por aquello del buen código cristiano sino porque una voz deliciosamente femenina y religiosa ampare y defienda su delirante independentismo. Me imagino que el artificial contubernio amoroso le importa un rábano a ese presidente que simula creerse que todos los que viven en Cataluña piensan como él.

Lo cierto es que si Artur Mas quiere la independencia de esa tierra española para convertirla en el cortijo de una parte de la oligarquía política y financiera catalana cuyo baluarte más procaz fue el conformado por la familia Pujol y otros de parecida condición, flaco favor está haciendo a su pretendido proceso soberanista pues se está construyendo desde la indignación de millones de personas que conforman el suelo patrio y no desde la dignidad por la que debía reconducirse tal proceso en el supuesto de que el resto de españoles, incluidos obviamente los catalanes, decidieran adoptar tan delicada situación.

La monja política referida que habla sin mordaza gracias al Estado de Derecho que conforma nuestro país, que se pasa por los hábitos al nuncio que le conmina al silencio, en vez de regresar a la Argentina de sus orígenes a luchar contra el corrupto e insolidario gobierno de esa primera dama que nos recuerda, al menos físicamente, a la madame de un burdel, tiene la osadía de azuzar el agujón ese de la independencia de una tierra que no la vio nacer.

A más inri, en un alarde de desfachatez argentina, nos dice que «no ir a votar el domingo es pecado»… y es pecado porque «es el momento de construir un nuevo país».

Eso sí, le ha salido otra competidora también colega de la clausura aunque nunca está en el convento. Se trata de una tal Teresa Forcades que es una supuesta Sor que se pasa también por los hábitos la vida ejemplar de las verdaderas religiosas contemplativas. La religiosa en cuestión es proclive asimismo de la cosa independentista aunque no parece en principio estar enamorada del Artur Mas.

Pertenece a la Orden de San Benito y dedica sus labores a enredar y confundir con sus diatribas (videos, conferencias, etc.) sobre las múltiples deficiencias en la gestión de lapandemia de gripe A, criticando a la OMS y al sursum corda respecto a la fiabilidad y seguridad de la vacuna que se distribuye masivamente, ninguneando en tal sentido a la comunidad científica que avala la seguridad de dicha vacuna.

Si San Benito, patrón de Europa, levantara la cabeza, enviaba a la monja antifarmaceútica a hacer vida de verdad contemplativa en la abadía de Montecassino, pues para esa religiosa eso del ora et labora no va con ella.

Además, la monja de la que hablábamos al principio de estas líneas no hace ascos a codearse con una ricachona catalana propietaria de las Joyerías Tous, Rosa Oriol, que como la argentina presume ante la sociedad catalana de ser ciudadana progresista y de izquierdas. A tal palo tal astilla.

A colación con las ansias independentistas de la monja argentina, parece ser que ese impulso soberanista que sale de su toca nace y surge cuando conoció a ese otro líder independentista,, el señor Carod-Rovira, que al final ella dice que fue la persona que le convirtió a la fe del catalanismo.

En fin, más valiera a esas dos monjas de marras recordar aquella habilísima máxima evangélica que Jesús respondió con un enunciado «sapiencial»: «Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios».

Lo único que nos faltaba: la aparición de esas dos advenedizas políticas bajo el manto religioso.

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