EUROPA, OTRA VEZ RAPTADA

EUROPA, OTRA VEZ RAPTADA
Fernando Solís. Europa Press

La crisis financiera mundial viene provocando desde 2008 serias dudas sobre la credibilidad y eficiencia de casi todas las Instituciones y Organismos públicos, antes no discutidos; es el caso de la Unión Europea, en una situación continuada de crisis que pone en aprietos el proceso de integración, haciendo necesaria la redefinición del pacto europeo: la crisis griega, la problemática rusa en Ucrania, la mortandad de refugiados en el Mediterráneo, la frivolidad calculada de Gran Bretaña con la UE, etc.; estas sucesivas crisis han obligado a estirar los poderes fundacionales de las instituciones de la UE (la compra de grandes cantidades de deuda soberana por parte del BCE para rescatar países y bancos, p.ej.), a pesar de lo cual, la respuesta de Europa no satisface, lo que está poniendo en cuestión la confianza y apoyo de los ciudadanos europeos, que pedimos soluciones que la UE no nos proporciona.

La insatisfacción e incertidumbre generalizadas provocan el crecimiento de los niveles de abstención y un cambio considerable del voto hacia opciones emergentes, anticorrupción, regeneradoras de la democracia , populistas euroescépticos, partidos anti-inmigración o un marcado giro hacia el populismo de derecha, incluso el extremismo. El apoyo creciente por el Partido de la Independencia Reino Unido (UKIP), la Alternativa für Deutschland (AFD) en Alemania, la Liga Norte en Italia, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), el neo- fascista partido Jobbik en Hungría, Amanecer Dorado en Grecia y los Demócratas de Suecia son los principales ejemplos de esta última tendencia.

Importantes causas del euroescepticismo son que la zona euro crea divergencia en lugar de convergencia y la pérdida del principio democrático de la soberanía y autodeterminación de los pueblos; la revuelta electoral griega sería una respuesta contra la integración europea: no es una democracia si el poder de gobierno ya no se ejerce o se mantiene por el pueblo ni el gobierno elegido tiene poder para poner en práctica su programa electoral. Siguiendo esta lógica, está en juego el sentimiento de humillación del pueblo soberano griego, que podría decidir la salida de la zona euro, Grexit, como resultado de una elección democrática e igualmente legítima, pero posiblemente traumática, para los griegos, para la Unión Europea, los Estados adheridos y el pacto europeo.

Y el euroescepticismo puede crecer en los próximos años. El Reino Unido parece decidido a celebrar en 2016 un referéndum sobre su permanencia, abriendo la posibilidad de su salida, Brexit (en este caso por razones calculadas de estrategia negociadora) y en España, como en Grecia, partidos emergentes podrían obtener importante peso electoral en las elecciones futuras, ¿qué postura y posición adoptarán en y hacia la UE?

Otra razón importante a resaltar es que la política económica neoliberal globalizada precisa de los partidos de centro-derecha que dominan las Instituciones europeas, para imponer la liberalización económica, la desregulación del mercado laboral y la reforma del bienestar bajo la nueva Estrategia Europa 2020. Los tratados en negociación, casi top secret, para el libre comercio con EEUU (TTPI) y del comercio de servicios (TISA) son una expresiva prueba de que Europa ha sido raptada de nuevo a los ciudadanos, en esta ocasión por los eurodólares, por el poder económico y financiero global; los países europeos adoptan programas de austeridad fiscal y recortan el gasto de asistencia social, los servicios públicos y el empleo del sector público (obviando las consecuencias de la deuda pública y de la creciente desigualdad social). Como consecuencia sociológica, las personas se sienten cada vez más inseguras personalmente y tienden a mostrar menos apoyo a la solidaridad colectiva; se acrecienta el individualismo: la solidaridad europea se debilita.

¿Cómo podemos responder a estos retos en esta era de austeridad? Debemos ser audaces y rechazar la agenda anti-estado que ha cobrado vigencia en las Instituciones Europeas, promoviendo activamente la coexistencia de la libertad individual con la responsabilidad colectiva, comunitaria, evitando que la preservación de la identidad y los intereses nacionales vayan en detrimento de la solidaridad y cooperación económica y política de la UE. La política progresista tiene un papel importante que desempeñar en la configuración del futuro de Europa. Este destino exige desafiar la noción de que no hay alternativa al status quo económico de los recortes radicales de gastos sociales y de la sociedad dual de satisfechos y excluidos que se está consolidando.

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