Una imagen en blanco y negro que nos traslada a épocas pasadas

La cabila separatista

Que finalmente Artur Mas haya conseguido imponer su estrategia no significa que sea menos insensata

La cabila separatista
Artur Mas con Oriol Junqueras. CT

Tanto en la lista como en el futuro Gobierno, el acuerdo petrifica un reparto de poder del 60% para Convergència y del 40% para Esquerra, lo que para los republicanos representa el abrazo del oso que tanto temían

La dantesca situación política que se vive en Cataluña, con un interminable «pruses» que nos lleva directamente al caos más absoluto, y que solo gracias a la incompetencia del presidente Mas y su equipo del «piñol» no nos hecho caer de manera definitiva, pero esa misma incompetencia mantiene al enfermo en situación de coma social, político y económico, no se sabe cuántas cuentas atrás para la independencia nos quedan contemplar.

No tienen bastante los visionarios estelados con destruir su coalición después de más de treinta años, que también siguen empeñados en dilapidar Cataluña sumergiéndola en las tinieblas de la tribu endogámica del separatismo.

Utilizan unos planes basados en paranoias identitarias con razones insostenibles para el sentido común, en éste viaje hacia el abismo en el que Unió se bajó justo en el borde del precipicio, se unen cada vez más al presidente, ERC que como buen «parasito», desde su fundación tiene la maestría histórica en dividir, y enfrentar a la sociedad catalana, y es cuestión solo de tiempo que termine devorando los restos del cadáver político de CDC, y puedan radicalizar del todo su imposición a la población (Los implicados en el pacto de Junqueras y Mas prevén declarar la independencia de Cataluña en seis meses).

Con un calor casi insoportable en la ciudad condal, se firmó en el palacio de la Generalidad el pacto de la lista para las elecciones autonómicas por parte de CDC y ERC, y a medida que los pasos de los participantes en el acontecimiento sonaban en la plaza San Jaime acercándose a una nueva cabila separatista, la imagen de Cataluña se va alejando del color del siglo XXI tornándose progresivamente en una imagen en blanco y negro que nos traslada a épocas pasadas, épocas de intransigencia, de imposición, épocas en las que un vetusto actor en la firma del día 13 ya era un triste protagonista absoluto de aquellos días.

En la imagen descolorida con olor a naftalina, y acompañando a los firmantes deambulan fantasmales figuras históricas del «desastre» patrio catalán, como el consejero de gobernación Josep Dencàs que regocijado llamo en su momento a los somatenes para «controlar» el orden público ante la inminente declaración del estado catalán el 6 de octubre de 1934, apoyado siempre en su brazo ejecutor el temido «Capità collons» (Miquel Badia) que con rostro enjuto emite un halo de superioridad moral e ideológica que hay que imponer a la población, a toda velocidad vuelve a bajar por la vía layetana para revivir con las nuevas camadas lo que tanto sufrimiento trajo a la población en aquellos momentos.

Si levantamos la vista, y la llevamos al horizonte, vemos con tranquilidad como el color vuelve a nuestras retinas, gracias a que el contexto nacional e internacional es completamente diferente al de los años 30 del siglo pasado, y éste hecho hace que demos un suspiro, relajando el terror que nos dibuja la visión de aquellos tiempos, y que miremos al resto de España en el color democrático que garantiza los derechos, y libertades de todos nosotros.

Aprendamos de la historia, y no dejemos que la sinrazón, la división, y sobretodo el enfrentamiento buscado con fines políticos poco edificantes, consigan su propósito. Vamos trabajar juntos para mantener y potenciar nuestro espacio común, diverso, y respetuoso con todas las sensibilidades.

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