La excesiva permisividad social con el alcohol nos hace obviar el grave problema del consumo juvenil

Jóvenes y alcohol, ¿un reflejo de la sociedad?

Jóvenes y alcohol, ¿un reflejo de la sociedad?
Jóvenes y alcohol

¿Qué tienen en común una comunión, un cumpleaños, la feria de nuestro pueblo y la romería en honor a la patrona? La respuesta es sencilla: el alcohol. Cualquier celebración o fiesta que se precie parece necesitar una barra libre para ser considerada como tal, pues el alcohol es la droga frente a la que nuestra sociedad presenta un mayor grado de permisividad y un elemento clave en casi cualquier acto social. La inmensa mayoría de la población no ve ningún problema por tomarse unas «cañitas» o unas copas con mayor o menor frecuencia… pero, ¿qué sucede con nuestros hijos? ¿Somos igual de permisivos?

Los últimos datos publicados en nuestra región muestran una realidad alarmante: los jóvenes extremeños se inician en el consumo de alcohol antes de los 14 años, y más del 80% de los escolares de entre 14 y 18 años, ha consumido alcohol en los últimos 12 meses. Estas son algunas de las conclusiones que destaca el último «Informe de la encuesta sobre uso de drogas en enseñanza secundaria en Extremadura» (ESTUDES), publicado en noviembre de 2014 con datos de 2012.

Tenemos ante nosotros un problema francamente complicado. Para darnos cuenta de su dimensión basta un dato: el 83,42% de los estudiantes extremeños de entre 14 y 18 años han probado el alcohol, el 81,1% ha bebido en el último año, y casi el 75%, en el último mes, según el citado ESTUDES.

Difícilmente podría un dato ser más abrumador; pero, en este caso existe una particularidad que nos obliga a tomar medidas, pues según nuestra Ley de Convivencia y Ocio, que pretende prevenir el consumo abusivo de bebidas alcohólicas, los menores tienen prohibido tomar alcohol. Por tanto, nos encontramos con un hábito, el de beber alcohol, que con mayor o menor medida llevan a cabo más del 80% de los estudiantes del referido rango de edad en nuestra región, a pesar de que lo tienen prohibido. Además, la edad del primer consumo de alcohol es bajísima, inferior a los 14 años, y sólo con algo más de 15 comienza el consumo semanal. Por último, los episodios de atracón de alcohol o «binge drinkings» (5 copas/vasos en un intervalo aproximado de 2 horas) en los últimos 30 días alcanza a un 43,4% del alumnado extremeño, sin distinción entre chicos y chicas.

Qué podemos hacer

Desde nuestro punto de vista, no se puede abordar el problema desde un sólo frente, sino que es necesario un esfuerzo de acción integral, que haga incidencia, al menos en cuatro aspectos fundamentales:

LEGISLACIÓN

Sería deseable un endurecimiento de las leyes que regulan el consumo de alcohol en jóvenes, por ejemplo, aumentando la edad de consumo de 18 a 21 años, erradicando las zonas permitidas para el «botellón» y endureciendo las sanciones a quienes vendan o proporcionen alcohol a los jóvenes. Igualmente, se podría atacar más duramente el consumo de alcohol en los mayores, como ocurre con el tabaco: no puedo fumar, por ejemplo, al lado de un colegio, pero sí puedo beber alcohol sin límite.

Por otra parte, se podría acordar una subida en los impuestos que gravan el alcohol, pues se ha demostrado que un aumento del precio disuade a los jóvenes a su compra y posterior consumo. En el mismo ámbito de los precios, se debería actuar para prohibir el anuncio de promociones (tipo «kit para botellón» a precio reducido).

También podría modificarse la legislación sobre la tasa de alcoholemia en la conducción (aunque desde nuestra región sólo podría instarse a hacerlo al Gobierno Central), para rebajar a 0 la tasa permitida en menores de 21 años.

INFORMACIÓN

Es necesario un aumento importante de las campañas informativas dirigidas a jóvenes: charlas en colegios para alumnos y padres, participación de profesores (también con formación en detección de problemas), campañas informativas institucionales, espacios dedicados en los medios de comunicación públicos o establecimiento de patrullas informativas en los lugares de concentración. Cabe destacar, por ejemplo, que la última campaña específica que se hizo desde el Gobierno Central para su difusión a través de los medios de comunicación data de 2011.

También es importante la información en positivo: normalmente, cuando se habla de jóvenes y alcohol se resaltan los aspectos negativos de este problema, pero no se habla, por ejemplo, de las alternativas de ocio saludable o de los beneficios del no consumo de alcohol.

FAMILIAS

La familia es un elemento fundamental en la educación integral de los niños; y, en el caso del alcohol, no parece que los padres estemos especialmente concienciados de la magnitud del problema.

En el estudio «Jóvenes y consumo de alcohol en España», elaborado en 2012 por el laboratorio farmacéutico Pfizer, se concluye que los padres y madres encuestados muestran un profundo desconocimiento sobre los hábitos de sus hijos relacionados con el consumo de alcohol, pues declaran una tasa de consumo hasta 23 puntos inferior a la que declaran aquellos. Y lo peor es que, en este mismo estudio, se determina que el lugar en el que con mayor frecuencia los menores prueban por primera vez el alcohol es su propia casa, normalmente con ocasión de alguna fiesta especial (Navidad, cumpleaños,…). Por último, es muy curiosa la distinta percepción que tienen padres e hijos sobre sus conversaciones sobre el alcohol: algo más del 83% de los progenitores creen que hablan con sus hijos, pero sólo algo más del 55% de estos admite que lo hace. ¿Será que, como decimos muchas veces, «hablamos a la pared»? ¿O, más bien, que contestamos lo que nos gustaría o creemos que debemos hacer, en lugar de lo que realmente hacemos?

INSPECCIÓN

Una mayor actividad represiva en los establecimientos que venden alcohol a jóvenes también es muy importante. Por otra parte, es necesaria una mayor actividad inspectora en los lugares en los que los jóvenes consumen alcohol y sancionar, tal y como prevé nuestra ley de convivencia y ocio, a los menores que lo hagan, haciendo además corresponsables a sus padres.

También es necesario el aumento de los controles de alcoholemia en los alrededores de los lugares en los que está permitido el botellón, así como en las salidas y entradas principales de las localidades que suelen atraer a un mayor número de jóvenes.

Conclusiones

La permisividad de nuestra sociedad con el alcohol hace muy difícil erradicar su consumo por parte de los jóvenes. En España consumimos 9,8 litros de alcohol anuales por adulto, más de medio litro por encima de la media de los países de la OCDE, que es quien aporta estos datos. En un ambiente en el que cualquier evento se celebra con un vaso de alcohol, ¿cómo convencer a nuestros menores de que su consumo es perjudicial?

Sin duda, este es un ámbito en el que queda mucho trabajo por hacer y no se pueden dar soluciones específicas, sino más bien poner en marcha medidas globales que aborden el problema desde todos sus puntos de vista. Por nuestra parte, insistiremos en lo que podemos hacer: mejorar la información que los jóvenes reciben.

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