Hay que ser muy pardillo para cometer un robo, perder el móvil en el lugar del atraco y encima tener el papo de ir a comisaría a denunciar el extravío del terminal.
Esto, que podía ser un chiste, le ha sucedido a tres mamarrachos en Las Palmas de Gran Canaria que no sólo se conformaron con reventar la puerta de un bar del barrio de Schamann, sino que encima en pleno fragor del desvalijamiento se dejaron el teléfono móvil.
Pues bien, ni cortos ni perezosos acudieron a la comisaría de Policía a denunciar la sustracción del terminal telefónico. Nada más detallar las características del aparato, los agentes que les tomaban declaración les enseñaron uno y estos dijeron que era suyo.
Obviamente, esas fueron las últimas palabras que pudieron decir antes de que quedasen detenidos por el supuesto robo con fuerza en un local de la capital grancanaria.

