Según informa la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA)

La obesidad infantil genera cada vez más casos de hipertensión en menores

La obesidad infantil genera cada vez más casos de hipertensión en menores
Obesidad infantil

Según datos recientemente publicados por la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 41 millones de niños sufren obesidad en el mundo

La Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA) advierte de que la elevada prevalencia de la obesidad infantil en España, unida a los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo, se está convirtiendo en una de las principales causas del aumento de casos de hipertensión en menores en nuestro país.

Los expertos de SEH-LELHA señalan que mientras la hipertensión arterial es muy excepcional en bebés y niños pequeños, «la incidencia de esta patología está aumentando considerablemente entre los niños mayores y los adolescentes al estar directamente relacionada con la obesidad y otros factores como el consumo excesivo de sal, o de alcohol».

El presidente de la organización, Julián Segura, recuerda que, según datos recientemente publicados por la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 41 millones de niños sufren actualmente obesidad en el mundo. «Esto generará a la larga, si no lo está generando ya, un problema importante de salud a nivel mundial, ya que un niño con la presión arterial elevada tiene más riesgo de convertirse en un adulto hipertenso», advierte.

El doctor Segura subraya que un menor que desarrolla hipertensión corre el riesgo de experimentar daños en el corazón (hasta un 40% de los menores hipertensos pueden sufrir hipertrofia del ventrículo izquierdo), riñones y vasos sanguíneos. De hecho, según el presidente de SEH-LELHA, «la presión arterial elevada puede generar un engrosamiento de los vasos sanguíneos que permanece incluso 20 años después, en la edad adulta, cuando este grosor es un factor de riesgo para desarrollar infarto de miocardio e ictus».

Por este motivo, desde SEH-LELHA se insta a las familias en las que haya menores con sobrepeso a revisar su presión arterial para intentar descubrir cuanto antes si el menor está sufriendo esta patología sin saberlo o si corre el riesgo de desarrollarla.

En este sentido, tanto para prevenir la aparición de la enfermedad como para controlarla en el caso de que ya haya aparecido, el presidente de SEH-LELHA recomienda a las familias que identifiquen sus hábitos de vida poco saludables y los modifiquen, ya sea a través de la dieta, el nivel de actividad física, etc.

LA IMPORTANCIA DE LOS HÁBITOS SALUDABLES

En este sentido, Julián Segura afirma que para conseguir que un niño mejore sus hábitos alimenticios o sus rutinas de ejercicio, es «fundamental involucrar tanto a los padres como al resto de la familia y modificar los hábitos incorrectos en todo el núcleo familiar».

Así, se debe de fomentar la actividad física y las actividades en grupo y al aire libre, frente a los juegos con el ordenador o la videoconsola. Julián Segura, especialista en hipertensión, recomienda realizar 40 minutos de actividad física aeróbica (moderada o intensa), entre 3 y 5 días a la semana, y evitar más de dos horas diarias de actividades sedentarias.

«Se ha demostrado que la pérdida de peso conlleva una mejoría en el control de la hipertensión en niños y adolescentes, con independencia de otros factores, y que ayuda también a prevenir su aparición», explica. Y añade que «incluso pequeñas pérdidas de peso, aunque no lleguen a alcanzar el objetivo deseable, pueden ayudar a reducir e incluso normalizar el control tensional».

Según los expertos, también deberían vigilarse las comidas e intentar seguir una dieta sana y variada, reduciendo la ingesta de sal y aumentando la de potasio (plátanos, acelgas, cardo, patatas, entre otros). Además, recomiendan evitar consumir azúcar en exceso, refrescos, grasas saturadas y tomar muchas frutas, vegetales y cereales.

La evaluación de la hipertensión arterial en niños y adolescentes está enfocada a detectar hipertensión secundaria (es decir, originada por una causa concreta), que puede ser curable. Generalmente se comienza con terapia no farmacológica (modificación de hábitos de vida), seguido de la terapia con fármacos.

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