SEPARACIÓN DE IGLESIA Y ESTADO

SEPARACIÓN DE IGLESIA Y ESTADO
Iván Sánchez

El sábado pasado, miles de italianos se manifestaban contra la unión civil entre homosexuales. Protestaban por la proposición de ley de matrimonio igualitario que su parlamento está debatiendo estos días. Aunque las últimas encuestas realizadas apuntan que la mayoría de los italianos se muestran favorables al matrimonio igualitario, todavía hay una gran oposición a que parejas del mismo sexo accedan a la adopción. Italia es uno de los pocos países de Europa Occidental que aún no ha reconocido legalmente los matrimonios entre homosexuales. A pesar de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ya ha exigido a Italia que agilice en su legislación los trámites de adopción.

El gigante «dormido» ha vuelto a asomar su cabeza, y es que en Italia, más que en ningún lugar, «con la iglesia hemos topado». Sigue sorprendiendo la intolerancia, impulsada por sectores religiosos, encorsetados en creencias que chocan de frente con la realidad y la libertad. Pero es fundamental, que el estado aborde los temas sociales de la forma más aséptica en cuanto a religiones se refiere. La separación de iglesia y estado es primordial para legislar sin ningún vínculo atávico que encubra una necesidad de la ciudadanía. Se podría enumerar las virtudes y ventajas que tiene el matrimonio igualitario, o exponer amplia y razonablemente que nadie tiene derecho a interferir en la unión de dos personas que se aman, pero esto, para la sociedad civil, es más que evidente en el 2016.

Necesitamos crecer juntos como sociedad, es posible establecer un camino paralelo, sin entorpecer la senda del otro. Articular mecanismos pedagógicos basados en el respeto y la tolerancia, es la única forma de sobrevivir a la discriminación. Construirse a uno mismo junto a otros, reconociéndonos en nuestras diversidades, es construir una nación más igualitaria.

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