Con esta caradura explica el PSOE sus tremendas contradicciones

Oscar López, portavoz del PSOE en el Senado, trata de explicar en ARV por qué ahora los socialistas no quieren un «mestizaje ideológico» que hace unos meses el propio Pedro Sánchez pedía en el Congreso de los Diputados.

Todo responde a la farsa propia de un ritual cateto, sectario e insufrible.

El PSOE, lo niegue o no, se hace trampas al solitario en la conciencia de que tendrá que evitar las terceras elecciones, y de que desde la oposición tendrá que abrir la espita para una refundación inevitable y un nuevo liderazgo. Lo demás, como el Comité Federal son fuegos de artificio típicos de un telonero de segunda para maquillar con polvillos de dignidad la demoledora realidad de 85 escaños.

Dicen Pedro Sánchez, Hernado, López y compañía hoy una cosa para hacer mañana la contraria, sencillamente porque carecen de otra alternativa si realmente tienen descartado provocar un bloqueo institucional de un año completo.

Votar «no» en la investidura, como hará el PSOE en un principio, y decir que se limitará a quedar en la oposición para que el PP negocie con partidos de similar ideología -Ciudadanos, PNV, Democracia y Libertad, Coalición Canaria…- es un ejercicio de cinismo para retrasar lo inevitable.

Si no se abstienen, habrá elecciones. Por eso empieza a crearse en el PSOE una burbuja de resignación anímica ante lo inevitable. Una cosa es no sacar rentabilidad a los tiempos o simular resistencia infinita, y otra no rendirse a la evidencia. Rajoy es el patriarca de la paciencia. Ahí Sánchez tampoco le va a ganar. Bastante tendrá con sobrevivir en el PSOE.

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