La ciencia halla la clave para vencer al jet lag

El jet lag extenúa y desorienta. Incluso puede hacer perder el apetito y el deseo sexual.

Según la revista Air & Space, el término jet lag fue creado en febrero de 1966. «Si es miembro del jet set y viaja a Katmandú a tomar un café con el Rey Mahendra, cuente con que padecerá de jet lag, una debilidad similar a la resaca, que se produce por el sencillo hecho de que los jet viajan tan rápido que dejan atrás el ritmo biológico de su cuerpo», escribió Horace Sutton en Los Angeles Times.

Los humanos adquirimos la capacidad de saltarnos zonas horarias hace pocas décadas y aún no hemos encontrado la forma de adaptarnos.

Para tratar de sobreponerse a los efectos del jet lag, los viajeros lo han intentado todo; desde colocarse semillas en puntos de dígito puntura o detrás de las orejas, hasta consumir Viagra.

¿Qué sucede realmente en nuestros cuerpos cuando nos saltamos zonas horarias? ¿Cómo ayudan las investigaciones a comprender y aliviar sus efectos?

El jet lag es el resultado de la alteración de nuestro reloj biológico. Él es el encargado de controlar nuestro ritmo circadiano, el cual anticipa el amanecer y el atardecer y controla todo, desde nuestra presión sanguínea hasta nuestro apetito.

Dicho sistema está calibrado a un período de aproximadamente 24 horas. Existe un «reloj central» en nuestro cerebro que es sensible a nuestra exposición a la luz y coordina todos demás relojes de los órganos y tejidos.

Todos estos relojes son controlados por la hormona melatonina, producida por el reloj central cuando oscurece para que sintamos somnolencia y para controlar nuestra temperatura corporal mientras dormimos.

Cuando viajamos a otra zona horaria (o trabajamos durante la noche), nuestros relojes corporales se alteran o, para usar el término técnico, se «desfasan». Entonces, a cada reloj le toma un tiempo distinto volver a calibrarse, y por eso es que nos sentimos tan mal.

A la mayoría de las personas les lleva unos días ajustarse por completo, dependiendo no sólo de la cantidad de franjas horarias que cruzaron, sino también de la dirección en la que viajaron. Resulta más problemático viajar hacia el este, debido a la forma en que funciona nuestro reloj biológico.

A medida que este reloj sobrepasa el período de 24 horas, nuestro cuerpo lo compensa restando un poco cada día hasta que se sincroniza con el ciclo de luz habitual.

Si se viaja hacia el oeste, se ganan horas y, por lo tanto, el cuerpo tiene tiempo adicional para hacer estos ajustes. En cambio, hacia el este los días se acortan y la adaptación se hace más difícil.

Cambios de horario

Image copyright Thinkstock Image caption Cuando se viaja hacia el Este, cuesta más recuperarse del jet lag.

Entonces, ¿es posible engañar a nuestros relojes biológicos? «Hasta ahora, no existe una cura milagrosa para el jet lag», sostiene Horacio de la Iglesia, profesor de biología de la Universidad de Washington.

«Tradicionalmente, la mejor solución es una combinación de estrategias, tales como restringir durante cierto horario la exposición a la luz, los descansos, las comidas y actividades como caminar o correr con pequeñas dosis de la hormona melatonina», dice.

Simon Archer, de la Surrey University, está de acuerdo, al menos en teoría. «Un tratamiento combinado puede resultar, pero en la práctica puede ser difícil seguir el cronograma, sobretodo evitar exponerse a la luz a la hora incorrecta».

Además, la melatonina no se encuentra disponible en todos los países y aquellos que sufren epilepsia o consumen warfarina, un medicamento contra los coágulos sanguíneos, tienen prohibido su consumo.

Image copyright SPL Image caption El mecanismo circadiano depende de los «genes de reloj» que codifican proteínas y cuyos niveles se elevan o caen en patrones rítmicos.

Todas estas estrategias tienen como objetivo acelerar el proceso de calibración de nuestros múltiples relojes a la nueva zona horaria.

«El trabajo llevado a cabo durante los últimos 15 años nos llevó a un increíble aumento de nuestro conocimiento del reloj circadiano, la influencia de la luz y el jet lag», sostiene Stuart Peirson, del laboratorio de oftalmología Nuffield en la Universidad de Oxford.

El reloj central está en el hipotálamo, en el núcleo supraquiasmático (NSQ). Este mecanismo depende de los «genes del reloj» presentes en las neuronas del NSQ. Si se alteran estos genes, se altera el comportamiento de 24 horas del organismo «ya sea una mosca, un ratón o un humano», afirma Peirson.

Este especialista estudió junto con su equipo cómo afecta la luz a la expresión de los genes del reloj del NSQ.

«El incremento de la expresión de ciertos genes del reloj puede efectivamente mover las ‘manecillas’ moleculares del reloj a la hora apropiada», comenta Peirson. Sin embargo, parece haber un límite de cuánto puede cambiarse: una hora por día.

«Nuestra labor en esta área es identificar el freno natural, una proteína llamada SIK1, que se activa con la luz y previene activamente el cambio del reloj». Normalmente tomaría cinco o seis días ajustarse a un cambio horario de 6 horas. «Cuando se bloquea este mecanismo (SIK1) en ratas, ellas pueden calibrar sus relojes mucho más rápido», dice Peirson.

Según un trabajo publicado el año pasado por investigadores de Japón, existe una hormona que juega un rol clave en volver a calibrar el reloj biológico. «Aquellas ratas que carecen de receptores de la hormona arginina vasopresina se ven mucho menos afectadas por el jet lag y se ajustan más rápidamente a los cambios de horario», cuenta Peirson.

Sin embargo, transformar este curioso descubrimiento en una cura potencial para el jet lag no será nada sencillo.

Preparación

Image copyright SPL Image caption La glándula pineal produce melatonina, una hormona que afecta los patrones de vigilia y sueño.

Algunos científicos investigan cómo podemos evitar el jet lag si nos preparamos para ello. «Creemos que para muchas personas es importante empezar el proceso de alterar sus ritmos internos antes del vuelo, de modo que lleguen con un leve o inexistente jet lag», afirma Charmane Eastman de la Universidad Rush de Chicago, Illinois. «La mayoría de las recomendaciones y programas de computadora funcionan luego de que se está en la nueva zona horaria».

Junto a sus colegas, Eastman investigó cómo la gente puede ajustar sus relojes biológicos antes de viajar. Los científicos dieron melatonina de venta libre a voluntarios y alteraron sus patrones de luz mediante una gran caja de luz.

Descubrieron que una combinación de una dosis muy pequeña de 0,5mg de melatonina (las dosis comunes son de 3-5mg) con luz diurna intermitente adelantaba los patrones de sueño de la gente, atrasando su reloj circadiano y haciendo que todos los ritmos circadianos del cuerpo ocurran antes.

Entonces, según Eastman, debe tomar melatonina y usar la caja de luz al atardecer durante unos días antes del viaje para despertarse más temprano cada día y así evitar el jet lag cuando viaja hacia el este.

Esto puede hacerse durante una cantidad de días igual al número de franjas horarias que se cruzarán para que el cuerpo se ajuste por completo al nuevo horario antes del viaje. Sin embargo, la mayoría lo hace durante menos días, pero aún así reducen el jet lag al llegar y se sobreponen más rápido.

Al viajar al oeste, Eastman recomienda que se use la caja de luz durante la noche y que la melatonina se tome durante la mañana.

Cambio rápido

Image copyright SPL Image caption Algunas personas utiliza fototerapia para recuperarse del jet lag.

También puede que haya maneras de ajustar el reloj biológico sin fármacos.

Otro grupo de científicos desarrolló una aplicación llamada Entrain que usa modelos matemáticos para determinar cómo nuestro cuerpo puede cambiar de zona horaria con la mayor rapidez posible.

Si los usuarios ingresan a la franja horaria a la que viajarán, la aplicación les dice cuándo deberían exponerse a la luz.

Los investigadores dicen que probablemente sea más sencillo para los viajeros que dividan su día en dos partes, una en la que intenten recibir la mayor cantidad posible de luz y otra en la que traten de permanecer en la oscuridad, básicamente los períodos de amanecer y atardecer.

Este software «debería permitir que alguien supere el jet lag en menos de la mitad del tiempo que lo haría siguiendo los métodos más reconocidos», afirma Daniel Forger de la Universidad de Michigan y coautor del estudio.

Estos horaros no han sido puestos a prueboa en el laboratorio. Para probar su eficacia, se utilizan los datos proporcionados por las personas en el mundo real, y este equipo asegura que tienen datos de más de 5.000 usuarios.

«Con suerte, nuestros patrones podrán integrarse a más dispositivos para que sean más fáciles de seguir», dice Olivia Walch de la Universidad de Michigan y desarrolladora líder de Entrain. «Tal vez los hoteles podrían ofrecer bombillas de 10.000 lúmenes para que la gente pueda recibir luz de día cuando necesiten calibrar sus relojes biológicos».

 

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