Circo en Cataluña

Puigdemont y ERC son solo unos títeres de los zarrapastrosos de la CUP

El mayor error ha sido poner Cataluña en manos de una decena de diputados anarquistas y simpatizantes de Batasuna

Puigdemont y ERC son solo unos títeres de los zarrapastrosos de la CUP
El vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, junto al presidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont. EP

Populismo de barrio, comunismo rancio y separatismo irracional son los criterios por los que se guía el actual Gobierno catalán

PEL más grave error del independentismo catalán no ha sido plantear su desafío separatista.

El error más dramático para la extinta Convergència ha sido poner en manos de una decena de diputados anarquistas, anticapitalistas y simpatizantes de Batasuna el destino político, económico, social y cultural de Cataluña. Objetivamente, en Cataluña no manda esa extraña alianza formada por la derecha burguesa catalana de la antigua CDC y la izquierda extremista de ERC.

Manda la CUP. Estos separatistas, hermanados emocionalmente con Otegui y la izquierda proetarra, condicionan la aprobación de los presupuestos, imponen a Puigdemont y Junqueras el calendario para forzar una hipotética independencia, y empujan a los catalanes a un abismo.

Es el clásico ejemplo de cómo una minoría sectaria y excluyente se impone a una mayoría igual de sectaria y excluyente sin argumento ideológico o moral alguno, sino con el único pretexto de no forzar el fin de la legislatura.

Todo este proceso sería reversible si entre los miembros de la mayoría separatista del Parlamento catalán se impusiera el sentido común y se accediera a la pretensión del Gobierno central de dialogar para reconducir el chantaje independentista por vías políticas razonables.

Si Puigdemont cree que la oferta de diálogo planteada por el Gobierno de Rajoy es un «simulacro», y que «esto no va de dar a Cataluña cuatro duros más», es porque en el fondo es tan irresponsable como lo fue Mas, a quien la CUP hizo rehén de sus exigencias para después «jubilarlo» con el más absoluto de los desprecios, y sumiendo a Convergència en la crisis más grave de su historia.

La deriva de este partido es incomprensible. Pasó de ser determinante en la gobernabilidad de España, y clave para el desarrollo económico de Cataluña, a ser una marioneta en manos de un puñado de separatistas anticapitalistas sin más criterio que la destrucción de todo lo logrado. Es inexplicable que diez escaños de la CUP sometan a otros 125.

Pero es la consecuencia directa de que Pujol, Mas y Puigdemont hayan convertido a su partido en un lodazal de corrupción y en una utopía secesionista. Es dramático para Cataluña que los réditos de tantos errores políticos solo sean amortizados ahora por la CUP y por las marcas catalanas de Podemos.

Populismo de barrio, comunismo rancio y separatismo irracional son los criterios por los que se guía el actual Gobierno catalán.

Se lo tiene que agradecer a la CUP, decidida también a ensalzar como «actos políticos» lo que son conductas delictivas contra el Jefe del Estado, la bandera nacional o los ayuntamientos. Tarde o temprano, la CUP provocará un adelanto electoral.

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