50 años del desastre del Apollo 1

Roger Chaffee, Virgil Grissom y Ed White II. Esos eran los tres nombres que inmortalizaron al Apollo 1. Pero no por haber logrado el objetivo de alunizar por primera vez, sino porque marcó una de las catástrofes más desastrozas en la historia de la NASA.

Era el 27 de enero de 1967 y el mundo estaba expectante por lo que sería la mayor excursión espacial hasta el momento. Sin embargo, la nave nunca despegó. En el test final antes de partir, un incendio en la cabina provocó una explosión que se cobró la vida de los tres astronautas, según recoge Infobae hoy 27 de enero de 2017.

Ese día, Chaffee, Grissom y White realizaban una simulación de vuelo. Debían recrear cada uno de los pasos que darían una vez en el espacio, con las condiciones que allí se experimentan.

A la 1 p. m., los tres estaban ya dentro de la cabina de mando, pero un olor extraño llamó la atención de los tripulantes. Se retrasó el «despegue». También se registraron problemas de comunicaciones. Una queja quedó grabada: «¿Cómo podremos llegar a la Luna, si no podemos hablar entre dos y tres edificios?».

Cinco horas y media después, comenzaron los gritos: «¡Tenemos fuego en la cabina!». La desesperación también quedó registrada. Por video, desde la base observan todo. Ven cómo White intenta llegar a la escotilla para abrirla. El módulo de comando se había roto. El gas y el fuego se convirtieron en mortales.

Los equipos de rescate tardaron cinco minutos en poder abrir todas las escotillas de la cápsula lunar. El humo y el fuego no les permitieron ver nada. «Era como el interior de un horno», escribió un periodista de The Washington Times en la crónica de ese día. Chaffee, Grissom y White murieron en cuestión de segundos.

El desastre significó un duro golpe para los Estados Unidos por las muertes y por una razón clara: en plena guerra fría la carrera espacial era una de las áreas más importantes, por tecnología y conquistas, donde vencer a la Unión Soviética.

La familia de Chaffee recuerda cómo sucedió todo. Su hija Sheryl repasa la jornada trágica. Por la noche, otro astronauta tocó a la puerta de su casa para hablar con su madre, Martha. Su rostro era elocuente, pero los más pequeños no sabían qué ocurría. «Volvimos con mamá y ella nos dijo que nuestro padre nunca más volvería a casa. Por supuesto que no entendía nada, entonces le pregunté si iban a divorciarse», rememora Sheryl.

«El día que ocurrió la tragedia está muy vívido. Para decir la verdad, lo revivimos cada año», indica Sheryl.

Su madre sería explícita: Roger había muerto. Fue allí cuando le dio a su hija un colgante que tenía pensado dárselo a su marido cuando emprendiera el viaje final. Tenía dos corazones, uno por cada uno de sus hijos.

Scott Grissom, hijo del tercer astronauta muerto en la tragedia cree que fueron olvidados. «Ignoraron el Apollo 1 durante 50 años… es decir, tuvimos tributos para el Columbia y el Challenger por años y esos fueron eventos mucho más recientes», se queja el hombre. «Mi padre no tenía miedo. Nada lo asustaba de ninguna forma», recuerda Ed White III.

Luego de la catástrofe, la NASA debió tomar medidas para que la falla no volviera a producirse. Las escotillas fueron cambiadas para que en una emergencia pudieran abrirse de manera fácil y rápida. Los trajes espaciales también sufrieron modificaciones para que no fueran inflamables. Cambiaron el nylon por otro tipo de tela llamado beta.

Durante 30 años, Sheryl Chaffee trabajó en la NASA. Se retiró recientemente. Se recuerda caminando por los edificios del Centro Espacial Kennedy, en Florida. «Sé que voy a verlo ahí afuera. Sólo se está escondiendo de nosotros».

 

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