Cómo la erupción de un volcán inspiró la invención de la fórmula para bebés de Nestlé

Sonó como un cañonazo. Pero, ¿de dónde venía? Probablemente eran piratas. El Benares, un barco de la Compañía Británica de las Indias Orientales, estaba atracado en Macasar, en la isla indonesia de Célebes. Su comandante dio la orden de zarpar y cazarlos.

A cientos de kilómetros de ahí, según recoge Tim Harford en BBC Mundo, en otra isla indonesia -Java- los soldados en Yogyakarta también escucharon el estruendo del cañón.–Cómo la erupción de un volcán inspiró la invención de la fórmula para bebés, para bien y para mal–.

Su comandante asumió que la ciudad más cercana estaba siendo atacada; marchó con sus hombres inmediatamente en esa dirección. Pero no encontraron los cañones, sólo a otras personas preguntándose qué era ese ruido.

Tres días más tarde, el Benares seguía sin encontrar a los piratas.

Lo que habían oído fue la erupción del volcán Monte Tambora, a más de mil kilómetros de Yogyakarta.

Es difícil imaginarse cuán aterradoras debieron ser las explosiones para quienes estaban cerca.

Un coctel de gas tóxico y rocas licuadas rugieron al deslizarse por las laderas del volcán a la velocidad de un huracán.

Mató a miles.

Monte Tambora quedó 1.200 metros más bajo que antes de la erupción.
Y se llevó el Sol

El año era 1815. Poco a poco, una vasta nube de ceniza volcánica se esparció por el hemisferio norte, bloqueando el sol.

En Europa, 1816 fue «el año sin verano».

Las cosechas se arruinaron; la gente, desesperada, comía ratas, gatos y pasto.

La fórmula para bebés

Lanzada en 1865, la Comida Soluble para Bebés de Liebig era un polvo que contenía leche de vaca, harina de trigo, harina de malta y bicarbonato de potasio.

Fue el primer sustituto comercial para la leche materna producto de un riguroso estudio científico.

Como Liebig sabía, no todas las madres podían amamantar. De hecho, no todos los bebés tenían una madre: antes de la medicina moderna, alrededor de uno de cada 100 partos mataba a la madre.

Para esos niños sin madre antes de la fórmula, las familias que podían pagar empleaban nodrizas, una profesión respetable para chicas trabajadoras, que cayó víctima del invento de Liebig.

Otros usaban una cabra o una burra. Muchos le daban a sus infantes pap, una papilla hecha con pan y agua, en receptáculos difíciles de limpiar, por lo que se llenaban de bacteria.

Los índices de muerte infantil eran altos: a principios del siglo XIX, sólo 2 de cada 3 bebés que no eran amamantados vivía hasta su primer cumpleaños.

 

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