VOX pedirá las actas y, si procede, impugnará las elecciones.

¿Quién se ha llevado mi voto? Pregunta extraña, pero es el rumor de la calle en este fin de jornada electoral en la que muchos sienten que su papeleta fue a parar a la urna de algún ladrón. En los bares hay un revuelo general y no se habla de otra cosa. El barco de la derecha se hizo trizas tras chocar contra el iceberg del fraude. Dicho de manera menos poética, a la derecha le han robado las elecciones. Ya pasó esto en otras ocasiones. Advertíamos hace unos días del posible fraude electoral que se avecinaba. Ya sé que no es políticamente correcto decir esto, porque no existen datos que lo prueben ni certezas que lo avalen. Y, sin embargo, hemos acertado. Este 28 de abril de 2019, en el que los españoles nos jugábamos tanto, pasó lo que tanto temíamos. Fue todo muy extraño. Se venía preparando el fin de fiesta desde el nombramiento de Tezanos para estar al frente del CIS, y la publicación de los primeros sondeos en intención de voto. Todos nos extrañábamos de que el engolado Sánchez, que en poco tiempo estaba acumulando más despropósitos que nadie, que contaba dos trolas por frase, con el fantasma del negro de la tesis plagiada, de los inmigrantes, del uso del Falcon para acudir a un concierto y del helicóptero para fardar en la boda del cuñado, del puestito para su mujer sin el título requerido, con casi todos los ministros evadiendo impuestos a través de empresas interpuestas, que pactó con los golpistas un referéndum y lo que hiciera falta, que presionó a la abogacía del Estado para que rebajara el delito de rebelión y un montón de etcéteras más, repito, todos nos extrañábamos de que la gente premiara este comportamiento. Por eso creíamos que se trataba de la cocina de Tezanos, lo tomábamos medio a risa y nos acostumbramos a ello, pero sin creer que los españoles fueran a votar a semejante personaje. No sabíamos aún que se estaba preparando el terreno para el gran pucherazo final, con el fin de que nadie se asombrase por ello ya que así lo marcaba la tendencia, cosa repetida hasta la saciedad por los periodistas a lo largo de la campaña. Y llegó la noche del 28, y con ella la consolidación del fraude.

Con los primeros datos, alrededor de las 21:30 h. nos llevamos la primera sorpresa, que aún nos dura. Ganador el Partido socialista, segundo el PP con una gran caída, tercero Ciudadanos con un gran ascenso, cuarto Podemos y quinto Vox. Omito el número de escaños al inicio porque no es relevante para el argumento que estoy desarrollando. La dinámica del recuento siguió así hasta el final con muy pocas variaciones. No hubo más sorpresas ni incertidumbre, solo asombro. El Partido socialista conseguía 123 escaños, 66 el Partido Popular, 57 Ciudadanos, 43 Podemos y VOX 23. Ante nuestra estupefacción, Sánchez era el ganador de las elecciones, con la particularidad de los excelentes resultados de los partidos independentistas, y Bildu con cuatro escaños mientras el PP desaparecía del País Vasco. Así estaban Rufián y Otegi de contentos. Da vergüenza y miedo recordarlo. Ni diseñado por el mismísimo George Soros hubiera salido tan a pedir de boca. ¿O lo diseñó Soros? Pues pudiera ser que sí; juzguen ustedes cómo se realiza el escrutinio. En los colegios electorales no se pueden manipular los votos porque aún se escribe todo a mano. Sin embargo, cuando estos datos llegan al Ministerio del Interior, estos pasan a la empresa encargada del recuento y la adjudicación de los escaños. Y aquí sí puede haber falsificación de datos, o sea, fraude. Dice Eladio Fernández, puntero en la información privilegiada que ha habido tongo electrónico, o sea, manipulación electrónica de votos. Apunta que “PRIVILEDGE –criptografía fintech y blockchain—convierte el voto manual en voto electrónico en su transferencia a la mesa central”. Reconozco mi desconocimiento en estas profundidades informáticas.

Llama poderosamente la atención la cantidad de modificaciones que Pedro Sánchez llevó a cabo para estas elecciones. Aparte de la puesta en marcha de la normativa antihackeo, de la que ya hemos hablado, hubo bastante revuelo con la adjudicación a la empresa encargada de realizar el escrutinio. Estaban en lid Indra y SCYTL, ambas catalanas, con las que Soros, directa o indirectamente está vinculado. (Si es el tercer accionista de la empresa FCC de Koplowitz, en qué no andará el tío). Se ha publicado que Indra estaba especialmente interesada en estas elecciones y que tiró precio a la mitad de la oferta inicial. Por cierto, SCYTL será la encargada de escrutar las elecciones del 26-M. Conviene saber que ya esta empresa organizó elecciones de voto electrónico en Suiza que resultaron un fiasco, debido a sus escasas garantías.

Cuando Soros anda cerca, hay que echarse a temblar, porque siempre es para mal. Por eso aquí ha ganado lo peor de lo peor, y no porque los ciudadanos lo hayan decidido con su voto. Esto es una calumnia contra los españoles. España no está tan perdida, ni encanallada, por mucho que yo misma critique a menudo la banalidad y el entontecimiento que está creando tanta programación basura. A tanto no llegamos. Para juntar las piezas, no olvidemos que Soros visitó a Sánchez a los dos días de llegar este al palacio de la Moncloa para marcarle la agenda, visita que le repitió cuando convocó elecciones. ¿A cambio de qué? De poder volar en Falcon y demás frivolidades, que es lo que le entusiasma. Sánchez es un psicópata que ha vendido el alma al diablo y ya podemos ir preparándonos para ver cosas que nos helarán el corazón, como le digo Pagaza a Pachi López hace años. Sánchez es un peligro público. Si con 85 diputados y entrando en Moncloa como entró, con un PP fuerte y mayoría en el Senado, fue capaz de tanta temeridad, qué no hará con los 123 conseguidos hoy. ¿Hay quien se crea que los españoles le dimos patente de corso a este irresponsable ambicioso?

Recordemos también que en este segundo viaje a España, Soros también se vio con Albert Rivera a quien le tiene atado en corto. Ya informamos en otra ocasión de las reuniones y cenas entre Soros, el masón Valls, Garicano, Rivera y algunos ministros de Pedro Sánchez y, se dice, que la embajadora de Marruecos, con vistas a un pacto de gobierno entre PSOE-Cs, al que estos se negaron públicamente porque no les favorecía en las encuestas. Este dato cobra relevancia al conocerse los datos electorales. Es llamativo que de los tres partidos del bloque de centro derecha, se hundan VOX y PP y, en cambio, Cs salga reforzado, a pesar de su tendencia a la baja en los sondeos, debido a su “veletismo” permanente. ¿Me quieren decir que fue por los debates? Si fuera así, Sánchez, que acabó completamente noqueado, hubiera quedado el quinto. También a la luz de los datos cobra relevancia el asunto del cordón sanitario hacia VOX. ¿Estamos entendiendo? Si a esto unimos el interés de determinados sectores financieros en un pacto PSOE-Cs, y estos mantras de Rivera babeando con el globalismo, el europeísmo y el modernismo –que no se los quita de la boca—como que las cosas empiezan a encajar.

Creemos que el fraude o pucherazo anunciado ha sido un hecho. Y, cuando hay sospecha de fraude electoral, existen dos alternativas: bajar la cabeza y resignarse, o bien enfrentar el problema y utilizar las herramientas del Estado de derecho. Ignoramos qué va a hacer el Partido Popular, pero VOX va a pedir las actas y a cotejar los resultados. Tiene constancia por muchos de sus apoderados de que ha habido voto masivo a VOX en muchos lugares, y si comprueba que ha habido irregularidades, está dispuesto a impugnar las elecciones. Es justo que queramos saber quién se ha llevado nuestro voto. Y el Partido Popular debería hacer lo mismo.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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