A pesar del fraude electoral, seguimos adelante

Una buena parte de España está de luto, aunque no se haya puesto de negro y siga oyendo en la lejanía la música que ameniza el baile de la sinrazón y la decadencia de este fin de ciclo programado. En esta ocasión no hicieron falta trenes ensangrentados ni moritos suicidas, ni dolor inoculado para trastocar mentes y emociones. El fraude fue más limpio, si me permiten esta contradicción en los términos. Sigo pensando que ha habido pucherazo, no sé si se hizo como dicen los buceadores en las simas de la informática o de otra manera.

Según los datos que acabo de recibir, ni siquiera habría sido necesario manipular las actas. La clave estaría en la dispersión y el censo. Veamos el recorrido. Conviene recordar que el 21 de noviembre de 2018 fue aprobada en el Senado la “Ley Orgánica de Protección de Datos Personales”, impulsada por el PSOE y apoyada por el PP, Cs y el PNV. Esta ley fue muy polémica y profundamente criticada porque, contrariamente a su enunciado, lejos de proteger la privacidad, permite a los partidos realizar bases de datos con la ideología de todos los españoles, es decir, crear perfiles y tener controlado a cada españolito. Así, a través del rastreo de las redes sociales, en las que algunos partidos son muy activos, saben muy bien cuál es la intención de voto de cada quién. Hay que recordar que, hasta ahora, VOX se movía solo a través de las redes. Con estos datos a punto, el paso siguiente fue SACAR DEL CENSO a los votantes que podrían aguarles la victoria. Ahora se entienden tantas incidencias de votantes de VOX –el principal afectado— que llegaban al colegio electoral y se encontraban con la sorpresa de que no figuraban en el censo, a pesar de que en el domicilio sí recibían las multas y demás notificaciones. Las incidencias de este tipo se cuentan por miles, aunque la prensa ha omitido todo esto.

En otros lugares, donde pocos votos deciden muchos escaños, se “hincharon” los censos, tal como denunció el INE hace unos días, aludiendo a “movimientos sospechosos”. Pero todo esto no hubiera llegado a buen puerto sin la cooperación necesaria e impagable del inefable Tezanos que, en julio de 2018, aterrizaba en el CIS para confeccionar las falsas encuestas que iban a hacerse realidad, tras ir manipulando a la prensa desde la proclamación de elecciones. Pero queda otra columna imprescindible, en la que no habíamos reparado, quizá porque lo consideramos un tema menor: el voto por correo. Hay que recordar que también en julio de 2018 Sánchez nombra presidente de Correos al que fuera jefe de su gabinete y persona de confianza, Juan Manuel Serrano. Este nombramiento fue muy criticado por no ajustarse al perfil. Ahora se entiende, pues iba a ser nada menos que el encargado de “modular el voto por correo y controlar los porcentajes que son clave para los escaños”. Pero, además, cosa nunca vista, los que habían votado por correo, también podían hacerlo de manera presencial. No me digan que no fueron unas elecciones irregulares.

Otra novedad fue que para aumentar el número de votos, en diciembre de 2018, los socialistas modificaron la LOREG, para permitir votar a los discapacitados. Son en total unos 100.000 y la mayoría vive en centros tutelados por la izquierda. No votan ellos, sino personas que les meten en el bolsillo un sobre con la papeleta. ¡Voto libre y secreto!

El final de la historia ya la conocen. En los cuentos de hadas ganan los príncipes, las princesas y la gente buena. En este cuento, salen vencedores los ogros, los malvados y las brujas. Por eso la izquierda prohíbe los cuentos; dicen que exaltan el patriarcado y valores obsoletos. Lo que ocurre es que la izquierda no cree en la virtud y en los buenos sentimientos. Por eso les rechina el amor romántico, y todo lo que no sea entrepierna y “queer” les suena a descatalogado.

Sabemos que VOX pidió una auditoría. Pero no creo que esto llegue al fondo, que pasaría por una impugnación de las elecciones y la repetición con todas las garantías. Está todo tan podrido que acercarse demasiado causa desmayo. El que más y el que menos se prepara para el 26M con esperanza. Los medios ni mu del fraude. Ni la más mínima sospecha. Incluso piden perdón a Tezanos por haberlo criticado, haciéndolo merecedor de la medalla al mérito demoscópico. Los peperos y sus defensores mediáticos le echan la culpa a VOX por haber dividido la izquierda. ¿Pero qué se creen que somos? Votamos a VOX porque el PP no nos representa, ni nos gusta, ni nada. Se creyeron que el voto era vitalicio y de ahí la rabieta. Está visto que la política es como un alucinógeno que produce estados alterados de conciencia. Y no hay cosa peor que “un mal viaje”. Casado anda ahora con la resaca, vomitando improperios contra VOX y hablando más de la cuenta. Mi miedo es que los antiguos votantes de la gaviota interioricen el complejo de culpa y vuelvan a la querencia, como pasó en Asturias con Foro, que fue flor de un día. VOX es un proyecto que hay que seguir apoyando, es un partido de extrema necesidad y de extrema esperanza. Mejor que Feijóo deje de incordiar. Tuvo su oportunidad en su día, pero no tuvo arrestos para enfrentarse al dosier de Soraya.

Si nos dejamos llevar por la racionalidad y el desánimo hay que reconocer que vivimos tiempos tristes, de impotencia, de no saber qué pensar ni cómo actuar; de preguntarnos si merece la pena seguir votando y luchar por lo que creemos y queremos, para defender el legado de nuestros mayores, o tirar la toalla y dejar que el enemigo destruya nuestra esencia personal y colectiva. El adversario es poderoso y tiene muchedumbres de zombis adheridos a su causa, y sabe muy bien lo que quiere. Sin embargo, yo digo ¡adelante! Somos muchos, con convicción y valor, capaces de llevar adelante gestas imposibles.

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído