Una de las causas de la perdida de inteligencia natural es el uso masivo de la tecnología y las tareas que ésta ahorra a nuestro cerebro

El ser humano se está volviendo cada vez un poco menos inteligente

¿Acabará el Planeta Tierra lleno de idiotas, como en la comedia Idiocracia?

El ser humano se está volviendo cada vez un poco menos inteligente

Tontos y más tontos: por qué nos estamos volviendo menos inteligentes”.

El titular pertenece a un artículo publicado en The Times y es solo un ejemplo de la enorme cobertura recibida por un reciente estudio llevado a cabo por economistas noruegos y publicado en la revista PNAS.

Lo que parece percibirse es que los humanos estamos involucionando.

Es decir, somos cada vez menos inteligentes según la ciencia, que demuestra que la evolución intelectual duró hasta finales del siglo XX. A partir de entonces el coeficiente intelectual no ha dejado de caer.

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Las puntuaciones en los test de inteligencia fueron subiendo a lo largo del siglo XX en todo el mundo, un fenómeno que se conoció como efecto Flynn.

Una decena de estudios publicados en los últimos años sugiere que este efecto ha comenzado a revertirse: en algunos de los países más desarrollados, el cociente intelectual (CI) de sus jóvenes habría comenzado a estancarse e incluso disminuir, según SINC.

El trabajo publicado en PNAS muestra un efecto Flynn negativo entre los jóvenes noruegos, a partir de más de 730.000 pruebas realizadas a jóvenes de 18 años que se presentaron al servicio militar entre 1962 y 1991.

Además, atribuye tanto la reversión como la subida original a causas ambientales, no genéticas.

EFECTO TECNOLÓGICO

Una de las causas de la perdida de inteligencia natural es el uso masivo de la tecnología y las tareas que ésta ahorra a nuestro cerebro.

Por ejemplo, nuestro móvil ya es capaz de recordarnos cómo dividir, si tenemos una cita o cómo llegar hasta un sitio.

La tecnología nos atrofia: pone fina la capacidad para orientarnos, nos resuelve las cuentas matemáticas más básicas, y reduce la memoria a corto plazo; además, el exceso de estímulos provoca la pérdida de concentración.

Los nuevos ritmos de vida influyen negativamente a la hora de analizar y procesar la información que recibimos a lo largo del día, lo que provoca que nos realicemos las mismas preguntas en diversas ocasiones.

Así lo han determinado estudios franceses, británicos y alemanes, y es que la inteligencia artificial ya piensa mejor que nosotros.

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