Casi la mitad de las abejas están amenazadas

Abejas robot, el futuro del ser vivo más importante del planeta

Las cifras sobre el desplome de estos polinizadores que mantienen en equilibrio los ecosistemas son críticas

Un tercio de la alimentación humana depende de la polinización de insectos y, en concreto, de la polinización que llevan a cabo las abejas.

Este y otros factores, intervienen para que las abejas hayan sido declaradas por la comunidad científica, como el ser vivo más importante de la tierra.

En nuestro planeta existen 1.400 millones de insectos por cada persona y, según afirma David MacNeal en su libro Bugged, necesitamos a todos y cada uno de estos «impulsores del mundo» para mantener el equilibrio de los ecosistemas.

No obstante, según afirma el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) más de un tercio de todas las especies de insectos que habitan en nuestro planeta están en peligro de extinción.

De las especies terrestres, los himenópteros – entre los que se encuentran las abejas – es uno de los grupos más afectados, según el estudio Declive mundial de la entomofauna: una revisión de sus impulsores, publicado en la revista Science.

El desplome de sus poblaciones es crítico debido a su protagonismo en los ecosistemas que se encuentran en un abismo ante la falta de estos pequeños seres vivos.

El equilibrio de la vida, tal y como la conocemos, depende de estos insectos polinizadores. Sin embargo, casi la mitad de las abejas están amenazadas, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

En los últimos 15 años, las colonias de abejas han estado desapareciendo en lo que se conoce como el «trastorno del colapso de colonias» y algunas regiones han visto un menoscabo de incluso el 90% a causa de la pérdida de hábitat, el cambio climático, unas deficientes prácticas de gestión, exposición a pesticidas, plagas y otras enfermedades.

La seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los ecosistemas nativos dependen de las interacciones entre plantas e insectos de innumerables maneras y el rápido descenso en el número de insectos contribuyen a esta grave situación.

Por esta razón, algunos investigadores están trabajando hacia un futuro donde los polinizadores de insectos naturales podrían ser reemplazados por abejas artificiales que vuelan libremente.

Ola Gjønnes Grendal, tecnólogo de materiales en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, trabaja con algo llamado materiales piezoeléctricos. Según explica el experto:

Estos materiales son realmente geniales. Una de sus propiedades es que se expanden si les aplicas un voltaje eléctrico, pero vuelven a la normalidad cuando se quita el voltaje eléctrico. Puedes usar esta función para crear un motor pequeño y eficiente que pueda imitar la forma en que las abejas vuelan.

Los materiales piezoeléctricos funcionan mejor a alta frecuencia, lo que significa que es perfecto para imitar la forma en la que vuelan estos insectos.

El especialista explica que para que todo funcione, necesita una fuente de energía, como una pequeña batería que actúe como combustible, algún tipo de chasis que mantenga todo junto y accesorios que transmitan el movimiento de los músculos piezoeléctricos a las alas.

«Ya hay algunos prototipos de pequeñas abejas voladoras, pero todavía estamos muy lejos de tener una pequeña abeja que pueda volar y ser suficiente para polinizar toda la comida que necesitamos», indica Grendal.

Alexéi Yákovlev, director de la escuela de ingeniería de la Universidad Politécnica de Tomsk, explica que las abejas artificiales serían especialmente beneficiosas para algunos cultivos que crecen en los invernaderos durante todo el año.

“Estamos planeando desarrollar las abejas, algoritmos y software, así como sistemas ópticos y métodos de reconocimiento de imágenes para conseguir un posicionamiento preciso”, explica Yákovlev.

La creación del primer lote de 100 robots voladores tendrá un coste de unos 1,4 millones de dólares.

Otra de las iniciativas es la de Eylam Ran, cofundador y CEO de la startup israelí Edete, que ha construido unos robots de polinización artificial para ayudar a las abejas.

«Las abejas no realizan su trabajo eficientemente: para polinizar con éxito una flor de almendro, necesitan viajar entre árboles, pero la mayoría de sus movimientos son entre flores en el mismo árbol. Solo funcionan a ciertas temperaturas. Si los árboles que necesitan polinización cruzada no están floreciendo al mismo tiempo, las abejas no sirven», dice Ran.

Cuando los árboles están listos para la polinización, el equipo de la compañía utiliza tecnología de detección de lidar para posicionarse al lado de cada árbol, y luego rocía el polen lo más cerca posible de las ramas.

Ran lo compara como la fase final de un lavado automático de coches, cuando el aire sopla sobre los contornos del vehículo para secarlo. Una carga electrostática en el polen ayuda a que se adhiera a las flores.

Es así como la gran necesidad de polinización que exige nuestra sociedad, el futuro de la polinización estará marcado claramente por la tecnología.

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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