Los sitios web del Ministerio de Defensa y de los bancos Privatbank y Oshadbank ucranianos sufrieron un ciberataque el 15 de febrero. Así lo denunció el centro de ciberseguridad del gobierno ucraniano.
El centro de ciberseguridad especuló que Rusia pudo ser la culpable del ataque.
El hackeo sufrido fue de DDoS, un tipo de ciberataque que intenta hacer que un sitio web no esté disponible colapsándolo con tráfico malintencionado para que no pueda funcionar correctamente.
Un ataque de DDoS (Distribuited Denial of Service, Ataque Distribuido de Denegación de Servicio) radica en miles de computadoras enviando millones de solicitudes a un servidor que termina por enlentecer el sistema y finalmente dejándolo fuera de servicio.
Estos ataques son propios de hackers y crackers causa de la efectividad y la sencillez que ofrecen.
Mediante un aviso en la página de inicio del sitio web del Ministerio de Defensa se manifestaba que la web estaba en mantenimiento.
Las páginas de los bancos estaban caídas y esto impedía el acceso de los clientes a las aplicaciones de ‘home banking‘ con la consecuente paralización de gran parte de las operaciones.
La drástica posición que tomará Joe Biden en nombre de EEUU sí Moscú decide desatar un conflicto armado esta muy clara, pero hay cierto desasosiego sobre cómo respondería Occidente.
No se esclarece cómo de grave ha de ser un ciberataque para llevar a un país a la guerra, pero cierto es que estos ciberataques capaces de paralizar una infraestructura con ‘ransomware‘ han crecido exponencialmente y aún quedan impunes.
Max Smeets, director de la institución de estudios European Cyber Conflict Research Initiative explicó que: “Las reglas son muy confusas, no está claro qué se permite y qué no”.
Estados Unidos y otros países de la OTAN han advertido que impondrán severas sanciones a Rusia si invade Ucrania.
Lo que se desconoce es qué harán en caso de que Rusia en lugar de invadir, lanze un fuerte ciberataque contra la infraestructura esencial ucraniana, como plantas eléctricas o sistemas financieros.

Un hacker en Internet.
Por otra parte, si Occidente responde duramente a una agresión rusa, Rusia podría responder a la OTAN con un ciberataque de magnitud sin precedente.
Un ciberataque contra Estados Unidos seguramente provocaría una respuesta enérgica, pero qué pasa si un ataque contra un miembro de la OTAN en Europa.
Bajo el Artículo 5 del tratado fundacional de la OTAN, una agresión contra un miembro de la alianza se juzga como un ataque contra todos sus 30 miembros.
No queda claro es qué ocurre si el ataque es cibernético, o cuán grande debe ser para que provoque una respuesta de las potencias dentro de la OTAN con mayor capacidad cibernética, Estados Unidos y Gran Bretaña.
El ciberespacio es un área particularmente desordenada. No hay tratados de control de armas que puedan acotar los hackeos por parte de actores respaldados por un Estado.
La tecnología es barata y fácil de conseguir, y los hackers pueden actuar por su cuenta o ser contratados por otros, lo que dificulta aun más la atribución.
En 2015, las potencias mundiales y otros países llegaron a un acuerdo en la ONU sobre 11 reglas de cumplimiento voluntario para regular la actividad digital. Pero las normas son sistemáticamente ignoradas.
Moscú ayudó a redactarlas y poco después lanzó un ciberataque contra el sistema eléctrico de Ucrania y emprendió la operación que derivó en la interferencia en la elección presidencial estadounidense de 2016.
En ningún caso ha quedado más clara la militarización del ciberespacio que en los esfuerzos de Rusia por traer a Ucrania de vuelta a su esfera de influencia.
