Tecnología
El Amazon Dash Button. EP

Lo que inventa el ser humano para hacer negocio (Bezos, el dueño de Amazón, está liado con una amiga de su mujer que tiene un marido 'consentidor').

Precedido del éxito en Estados Unidos, hace ya un año que llegó a España el Amazon Dash Button, un servicio para usuarios de Amazon Premium con el que puedes comprar pulsando un botón físico, literalmente (Productos para adelgazar más vendidos en Amazon).

El botón es un dispositivo Wi-Fi que se conecta a nuestra red doméstica y que está asociado a una marca concreta. La primera vez tendremos que configurarlo a través de la app de Amazon en nuestro smartphone y seleccionar cuál de los productos de esa marca queremos comprar cuando lo pulsemos.

La idea es que podamos recurrir al botón cuando veamos que nos estamos quedando sin productos cotidianos como papel higiénico, detergente, bolsas de basura, pañales, maquillaje o preservativos.

Una vez pulsado, recibiremos nuestro pedido en un plazo de 24 horas.

Cuesta cada uno 4,99 euros y Amazon te devuelve la misma cantidad tras pulsarlo por primera vez, pero a partir de ahora no podrán ser vendidos en Alemania, tras una sentencia que sienta jurisprudencia contra este desarrollo concreto del internet de las cosas.

Se trata de pequeños imanes que pueden adherirse a la nevera o la lavadora, o guardarse en un cajón. Una vez preseleccionada la compra y con solo una presión sobre el botón, a través de la conexión wifi, encargan la compra on line de detergente para la lavadora, café para la cafetera, leche del tipo deseado o pasta de dientes de las características predeterminadas.

Papel higiénico para el cuarto de baño, papel y tinta para la impresora, comida para el perro e incluso... basta con apretar un botón y se recibe el pedido a domicilio.

Demasiado fácil en opinión de la Asociación de Consumidores de Renania del Norte-Westfalia, que en primera instancia ya logró que el botón de compra fuese declarado ilegal y que acaba de lograr una segunda victoria en el Tribunal Regional Superior de Múnich, en Baviera.

En el contrato que el consumidor firma con Amazon, al programar el botón de compra, queda identificado como «el pagador» y no como «el comprador», un falso sinónimo con significativas diferencias a efectos legales, puesto que como comprador se pueden reclamar derechos pero como pagador no, con lo que se está incumpliendo el parágrafo 312j del Código Civil alemán.

La sentencia esgrime, además, «falta de transparencia», dado que el cliente no recibe información y por tanto no puede comparar precios y ofertas entre diferentes marcas en el momento de la compra, sino que se atiene a la preconfiguración del encargo establecida y en la que ya se ha comprometido a un determinado precio, lo que le impide beneficiarse de los cambios de precio, ofertas y equilibrio entre la oferta y la demanda en general, tal y como garantiza la legislación alemana de la economía social de mercado.

Amazon se reserva además el derecho, a través de los términos y condiciones, de exigir un precio diferente o incluso a entregar un producto diferente al que originalmente seleccionó el usuario si en ese momento no lo tiene en almacén, si siquiera la necesidad de advertirlo previamente, lo que según los jueces bávaros, deja en clara situación de inferioridad de derechos al comprador del producto.

La sentencia no es firme, pero este juicio empieza a sentar las bases de una jurisprudencia para el internet de las cosas, un ámbito de comercio que avanza por delante de la legislación y para el que a menudo no hay reglas legales establecidas de antemano.

En España el botón de Amazon más vendido es el de Scottex y el segundo es el de Fairy. Según fuentes de la compañía, en Estados Unidos donde este sistema lleva más tiempo, se reciben tres pedidos al minuto a través del Dash Button. Además, de media hay cuatro botones distintos por hogar.

HAY MUCHO MÁS

Amazon también tierne en el mercado español el Amazon Dash Replenishment, un sistema mediante el cual podremos automatizar la compra de determinados productos, como tinta de impresora o detergente, y a través de las propias herramientas que necesitarán esos productos (impresora, lavadora...).

Es decir, serán los propios electrodomésticos o gadgets los que pedirán los productos en nuestro nombre. ¿Cuándo? Cuando detecten que su "materia prima" se está agotando.