Los calienta invitados

Los calienta invitados

Algunos periodistas o redactores se convierten en auténticos entrenadores de boxeo.

Les pagan por tener al personaje «vivo» en el plató. «Tenerlo vivo» significa que llore, que grite, que se derrumbe y hasta que se se desmaye.

Ellos son «los calienta invitados».

Mariola Cubells escribió el libro ‘Mírame tonto’ en el que se contaban los entresijos de alguno de los programas de televisión.

La periodista fue redactora de espacios de telebasura y ahora colabora en el periódico gratuito ADN.

Por su interés reproducimos el artículo de este martes, donde confiesa «las artes» de algunos de sus compañeros para convertir a los invitados en un valle de lágrimas.

Los periodistas que hacen llorar

Tengo colegas trabajando en televisión cuyo único cometido es calentar al invitado, fuera de cámara, antes de que salga al plató. Calentarlo para garantizarnos que en ese sofá que le está esperando, llorará, o gritará. Azuzarlo para que llegado el momento se derrumbe en los brazos de esa madre que lo abandonó, o ese hijo con el que no se habla desde hace 16 años.

Da igual que sea famoso o anónimo, la única diferencia es que el primero cobra por el escarnio. Mis colegas harán lo posible para que el invitado se muera de pena cuando tenga que hablar de esa parte de su pasado.

¿Y cómo, se preguntarán? Bueno, requiere entrenamiento, pocos escrúpulos y un objetivo claro. Uno de los trucos consiste en conocer su punto débil, y recordárselo, (no en vano el periodista le ha hecho una entrevista previa donde le ha sacado literalmente el bazo).

Hurgar en ese aspecto de la intimidad (el abandono del hijo, la muerte del padre, la infidelidad del marido con su mejor amiga), y repetírselo con voz queda, tipo «qué pena, ¿verdad?, fíjate, a él le encantaría verte tan guapa».

Y, a ser posible, cogiéndole la mano. Recuperar aquellos detalles que le producen tristeza o rabia, y apretar ahí, justo antes del directo. Pero hay que saber hacerlo en el instante preciso: segundos antes de entrar en el plató, mientras una voz en off está anunciando su nombre. Un pequeño empujoncito y listo. El segundo asalto, en el periódico del jueves.

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