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Jorge Javier Vázquez baja los pantalones a la audiencia de ‘GH VIP’

Jorge Javier Vázquez baja los pantalones a la audiencia de 'GH VIP'

Si hay un rostro de la televisión de los últimos diez años ( léase: jeta, caradura, desahogado…)que desata las polémicas con una destreza incomparable, ese es Jorge Javier Vázquez. Sus programas acumulan más expedientes judiciales y sentencias que los clanes de carteristas del Metro. Que generan un efecto inverso tan perverso como el de llenar sus bolsillos y – vía expatriación de dividendos – los de Silvio Berlusconi. Además de hacer multimillonarios a Paolo Vasile, Óscar Cornejo y Adrián Madrid. Un día se baja los pantalones ante las cámaras, otro pretende entrar en un vestido de Isabel Pantoja. No tiene reparos en señalar que su audiencia «lleva la muerte en sus caras». Ni en mandar al psiquiatra al primero que le contradice. En utilizar el terror y el insulto para deshacerse de entrevistados incómodos o no dóciles a su ideología variable. Él dice no querer vivir con miedo. Mejor que lo sufran los que tiene enfrente. Aunque, en uno de sus alardes de sinceridad, reconoce que le aterra caminar por Madrid después de la media noche. Atrás quedaron los afters, los cuartos oscuros y las borracheras interminables, que ha sustituido por el Tinder Gay, el descorche de vidrio de buena cosecha en la intimidad del hogar y el silencio de sus galgos. Además del diván y las mesas de los oráculos más extravagantes. El Corte Inglés sigue sin contar con él, pero anuncia batas milagrosas, salas de juego online junto a La Musa del Mosky que acaban devastando a la juventud y arruinando a sus progenitores.

Promete el voto al PSOE, a Pedro Sánchez, invita a cenar a Íñigo Errejón que «es muy mono» y termina acudiendo al Colegio Electoral para depositar su papeleta en favor de Pacma acompañado de una de sus silentes mascotas.

Se sube a un escenario a proclamar sus Grandes Éxitos, arropado por el gigantesco aparato de propaganda de Tele5 y por las generosas subvenciones locales y autonómicas, y amplía el abanico de sus registros cantando y bailando (de alguna manera hay que describir una situación, un propósito, mejor dicho: un despropósito) su realidad imperfecta.

Se acompaña todas las tardes de drogadictos, maltratadores, borrachos, defraudadores fiscales, chorizos, enfermos imaginarios y curaciones milagrosas, amigos y beneficiarios de cloacas policiales, pero con el mazo preparado para emitir un puñado de sentencias firmes e irrevocables. No siente incomodidad alguna, más bien todo lo contrario, en esta poderosa industria de la difamación y la calumnia, la intromisión ilegítima y el tráfico de datos protegidos. Si acaso, sólo un momento de renuncia provisional cuando enfrente alguien intelectualmente superior y argumentalmente poderoso (pongamos que hablo de Coto Matamoros ) le para los pies.

Celebra que Rato ingrese en prisión por apropiación indebida, pero esconde que bombitas fétidas Hernández está condenado por el mismo delito. Se mosquea cuando alguien le recuerda sus orígenes y el difícil trazado del éxito, repleto de trampas, trileo y cierre de bares, más aún si es la mismísima Emérita de Paracuellos quien afirma que le concedió una exclusiva para que pudiera alicatar su cocina.
Pero nada de lo comentado importa. Ni siquiera que el presentador de éxito arrolle el Código Ético y estético de la Cadena. La audiencia sigue acompañándole fervorosamente, con mayor intensidad cuando más se provoca su enfado y cuando se le ridiculiza hasta extremos muy próximos a los parámetros de incapacitación por discapacidad.

Los Ilegales de GH VIP, debemos a Koala un nuevo copyright, están nominados y a un paso de ser destruidos por el Sexteto corrupto. En una nuevo triple mortal con tirabuzón de Manolita Chen de Badalona, el Sardinita de Cantora.

 

FRANCISCO RODRÍGUEZ
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Autor

Fernando Veloz

Economista, comunicador, experto en televisión y creador de formatos y contenidos.

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