Impecable.
La periodista María Jamardo ha reflexionado en El análisis: Diario de la Noche de Telemadrid sobre la última «genialidad» del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: el sistema Hodio para vigilar las redes sociales, utilizando el odio como excusa para perseguir voces críticas.
Además de los visos de cortina de humo que se aprecian en la medida, Jamardo ha soltado un contundente alegato sobre la libertad de expresión que amenaza la iniciativa.
Y es que sería el propio Ejecutivo el encargado de dictaminar qué es odio y quién lo propaga. Autoritarismo puro y duro. Recuerda que ante cualquier exceso que se produce en el ejercicio de la libertad de expresión se encuentra el Código Penal, que regula y explicita qué es un delito.
«No me da la gana de que este Gobierno, ni como mujer, ni como periodista, ni como ciudadana, me diga lo que puedo o lo que no puedo hacer, salvo lo que esté perfectamente regulado —y lo está— en el Código Penal; pues voy a seguir diciendo lo que me dé la realísima gana, porque ellos no son ni los que tienen la legitimidad, ni los que tienen la auctoritas, ni los que tienen la potestas para darnos lecciones a los demás».
Además, le ha sobrado tiempo para recordar cómo, mientras predican la paz y la contención, desde la izquierda política y mediática se ataca sin piedad al que discrepa. Y ha puesto a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, como ejemplo. Solo hay que recordar las palabras en TVE del ministro de Transportes, Óscar Puente, o de la portavoz socialista en el pleno de la Asamblea, Mar Espinar, insultándola sin que hubiesen pasado 24 horas desde el anuncio de Hodio:
«Y ya está bien de que a la señora Ayuso se le pueda decir lo que les dé la gana, como si no tuviera consecuencias y no fuera violencia política, de la que denunciaba Irene Montero, y cuando hablas o criticas lo más mínimo de las políticas de este Gobierno sea todo un odio con H, un pseudoperiodismo, un bulo y demás. Aquí lo que están haciendo no es atacar a la señora Ayuso porque sea una fascista; no, la están señalando como fascista, o a otros muchos como nosotros, para poder atacarlos, que es muy diferente».