Algo no va bien

Felices por obligación

Casillas y Carbonero, la pareja condenada

Felices por obligación
Iker Casillas besa a su novia Sara Carbonero mientras era entrevistado en directo tras ganar el Mundial Sudáfrica 2010. Canal +

¿Qué hubiese pasado si una desatada y enamoradísima Sara Carbonero se hubiese lanzado como una loca a besar a Iker Casillas justo cuando él iba a parar un gol holandés? Bueno, seguramente la chica hubiese tenido que ir a una sucursal de Coorporación Dermostética, operarse la cara, cambiarse la identidad, vender todos sus bienes, huir al Amazonas y comer carne de mono junto a una tribu indígena por el resto de su vida.

Ahora bien, si Iker Casillas se acerca a su novia y la besa mientras ella está trabajando, le ponemos una medalla al mejor novio del año. Vale, puede que no se puedan comparar ambos ejemplos pero está claro que el portero hizo exactamente lo mismo de lo que se le acusaba a Carbonero: Distraer a su pareja en sus funciones como profesional.

De acuerdo, el gesto amoroso de Casillas hacia su amante fue la guinda de un pastel marcado por los obstáculos, los prejuicios y el morbo mediático. Puede que ese beso era lo que todos esperábamos. El triunfo del amor frente a las adversidades. Pero, a partir de ahora, se le plantea una presión mayor a la pareja: Tienen que ser felices por «cojones».

Imaginemos que en la Universidad de Oxford, un pobre becario encuentra, un día de estos, un manuscrito escondido por decenios en los polvorientos sótanos de la institución. Se trata de un documento que lleva el nombre de Romeo y Julieta 2. Imaginemos que Shakespeare escribió una continuación de su obra maestra en la que los amantes no sólo no mueren si no que huyen de Verona, se casan y poco tiempo después ella no soporta más  el «tufillo» poético de él y que Romeo acusa a Julieta de acostarse con un gondolero veneciano. Si esto fuese verdad, la gente se sentiría decepcionada ante uno de los pilares del «amor eterno» de la literatura universal. Muchos dejarían de creer en la pareja.

Esto es lo que les espera a Iker Casillas y a Sara Carbonero. Hemos sido testigos de su unión y de su final feliz. A partir de ahora, ambos tienen la responsabilidad, injusta, de atesorar los sueños amorosos del público. Es el problema de la fama: cuando no hay intimidad, tanto la desgracia como el disfrute están condicionados.

Queridos amantes: Desde aquí os animamos a que viváis vuestra relación como os de la gana. Os apoyaremos tanto si tenéis borrachera de amor como si, dentro de tres meses, salís en La noria sacando trapos sucios el uno del otro. Estáis en vuestro derecho.

Aviso a internautas: El amor es caduco. Los finales felices son historias sin acabar.

 

 

 

Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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