Se estrena la aparatosa adaptación española de la clásica serie norteamericana

‘Cheers’: la revisión inútil de T5

Buenos actores pero una puesta en escena acartonada, acompañada de chistes pobres y desfasados

Parecía increíble pero al final, T5 se atrevió a crear ‘Cheers’, la versión española de uno de los clásicos más indiscutibles de la televisión estadounidense. El resultado patrio -estrenado el 11 de septiembre de 2011- destaca no sólo por lo inútil de su propuesta, sino por el desfase de sus chistes, por su bochornosa inocencia y por sus actores que, aunque buenos, no saben muy bien qué pintan ahí.

La verdad es que hacer una revisión de ‘Cheers’ a estas alturas del partido era una empresa, por decirlo de algún modo, muy osada. Osada, en primer orden, por el riesgo de profanar un clásico con el creció toda una generación y, en segundo lugar, por creer que el humor, los valores y la cultura del Boston de los años 80 podía cuajar en la España de la recesión económica.

Hay que valorar, sin embargo, la apuesta de Vasile y los suyos por recuperar el formato de la sit-com clásica y sus benditos 30 minutos de duración. Por fin vemos una serie en prime-time que dura menos que una película. Aunque hay truco, porque el día del estreno nos colaron dos capítulos seguidos.

¿Qué se puede decir del resultado? Pues que si querían enganchar a los nostálgicos, mejor habrían hecho en reponer el original. Y no porque la copia sea mala -buena tampoco es- sino porque no hay nadie quien se la crea.

Si algo tiene el ‘Cheers’ castizo es que demuestra que la serie madre es un clásico. Y por clásico entendemos cualquier obra que logra traspasar el tiempo manteniendo intacto su espíritu. Éste sigue indemne en sus personajes entrañables y en ese ambiente parroquial y acogedor que continúa respirándose en el susodicho bar.

En ‘Cheers’ (español) siguen estando los mismos antihéroes que se esconden tras una barra. Eso no ha cambiado. El problema es que ahora les vemos con cierta condescendencia. Sus tramas y problemas suenan a ‘viejuno’, a producto blanco, familiar y caducado del que deberíamos huír si queremos que nuestra ficción avance.

Todo aquí suena a falso. Desde las risas enlatadas, a los conflictos, chistes y actuaciones. Hay un buen casting. De eso no se duda, pero todos recitan sin gracia, se dan las réplicas entre unos silencios eternos y es tal el amasijo de tópicos que roza la vergüenza ajena -los malentendidos entre Ana Belén y la stripper son para quemar la tele-.

Lo mejor de la función cabe encontrarlo en Adam Jezierski, haciendo de camarero polaco (interpretado por Woody Harrelson en el original), por la siempre agradecida Alexandra Jiménez y por un ritmo que, aunque torpe, hace que el conjunto se digiera sin demasiado esfuerzo. En definitiva, que sus responsables deberían haber previsto el error. Adaptar no significa traducir un texto y hacer que unos actores imiten a otros. Adaptar supone arriesgar, modificar los contenidos según los nuevos gustos y las nuevas audiencias, no dar, cuantitativamente, un paso atrás.

 

Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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