Éxito absoluto de este nuevo formato en el que grandes mandatarios españoles se hacen pasar por empleados de sus propias empresas

‘El jefe infiltrado’: cómo pasar del despacho de caoba a recoger excrementos

El programa se estrenó con sesión doble y cosechó unos estupendos 14,6% y 18,6% de share

'El jefe infiltrado': cómo pasar del despacho de caoba a recoger excrementos

La del 3 de abril de 2014 fue la noche de EyeWorks Cuatro Cabezas. La productora estrenó dos formatos en prime time con resultados muy dispares. En Cuatro se emitió la segunda temporada de ‘Un príncipe para…’ (en este caso para Laura), un regreso al mundo ‘tróspido’ que aunque fue divertidísimo, se saldó con un regular 7,4% de share. Por otro lado, laSexta le dio la bienvenida a ‘El jefe infiltrado’ con un doble capítulo que consiguió unos estupendos 14,6% y 18,6% gracias a que es un formato rompedor. Una especie de puesta a punto del cuento de ‘El príncipe y el mendigo’ con muchas dosis de Chicote y su ‘Pesadilla en la cocina’.

¿QUÉ ES ‘EL JEFE INFILTRADO’?

Lo inesperado de la noche fue el rotundo éxito conseguido por los mismos creadores de ‘Un príncipe para…’ (y también de ‘Pesadilla en la cocina’) EyeWorks Cuatro cabezas. ‘El jefe infiltrado’ se estrenó en laSexta con un doble capítulo y desde ya, se ha convertido en uno de los formatos más interesantes del año. ¿Por qué?

‘El jefe infiltrado’ es la la adaptación de Undercover Boss, formato de éxito internacional, que ya triunfa en nuestro país gracias a Xplora. El mecanismo del programa es simple: grandes mandatarios de españoles cambian el traje por el mono de trabajo y se infiltran bajo distintas coartadas e identidades falsas, a riesgo de ser descubiertos en cualquier momento, y trabajarán como uno más en sus propias empresas y recibiendo órdenes de sus subordinados.

El programa recuerda mucho a ‘Pesadilla en la cocina’ y similares (es, al fin y al cabo, una lección de coaching laboral) y tiene gracia y morbo por la situación en sí. Se trata de bajar del pedestal a los que mandan, de descubrir a los que son malos compañeros o malos trabajadores y de recompensar a los ‘buenos’.

La estructura de cada capítulo es inamovible. Se presenta al jefe en cuestión, se le transforma físicamente para no ser reconocido, se le cambia la identidad y se infiltra en diferentes puestos de la empresa, conociendo así a distintos empleados (todos con sus características y circunstancias propias). Al final, el jefe se reúne con todos en su despacho, se descubre el pastel y se le da a cada uno su merecido. Eso sí, hay ‘happy end’ y por norma general, la empresa recompensa a sus empleados con viajes, becas, cursos, alquileres y ascensos. Es decir, todos terminan bien.

Puede que el programa sea visto como un lavado de imagen para la propia empresa disfrazado de falsa crítica. Por un lado se denuncian las malas condiciones laborales, pero (a tenor de los dos capítulos emitidos anoche), la responsabilidad casi siempre es del empleado pero al final, el jefe (es decir, la empresa) queda como una especie de hada madrina salvadora.

En realidad, el tema del programa no es otro que el de la concordia y el reparto de responsabilidades. ¿Que el final parece sacado de ‘Hay una cosa que te quiero decir’? Pues sí, no lo vamos a negar. Pero es que, televisivamente hablando, funciona.

PRIMER EPISODIO: PIZZAS, VELOCIDAD Y LÁGRIMAS

Dos capítulos de ‘El jefe infiltrado’ en su estreno en laSexta. El primero se encuadró en la conocida cadena de pizzerías, ‘Domino’s Pizza’. El protagonista fue Jesús Navarro, director de operaciones de la empresa.

Tras contarnos la historia de Domino’s Pizza (todo muy masticado y con dibujitos), pasamos a conocer al jefe en cuestión, su día a día, su familia y sus carencias… Y por fin arrancó la historia, es decir, que el jefe se infiltra en su empresa con una identidad falsa y para ello le cambian de imagen. Jesús Navarro pasó a ser Pedro Ramírez, un encargado de obra en paro que pretende abrir una franquicia de Domino’s Pizza.

Jesús se infiltró comenzando como repartidor de una de las pizzerías. La excusa para que le acompañaran las cámaras de TV y que nadie sospechara es que se trataba de un reportaje sobre emprendedores.

Como repartidor, Jesús era un desastre, preguntaba demasiado (lo que molesta a sus compañeros), se le olvidaban las cosas y el casco le estaba pequeño. Además, descubrió que sus empleados corrían que daba gusto con moto e incumplían las normas de circulación más básicas, algo absolutamente contrario a la política de la empresa.

Sí, el jefe infiltrado ve que sus empleados no se comportan bien o que no tienen profesionalidad, pero lo bueno del programa es cuando se dan las razones de este comportamiento y el jefe en cuestión habla con los empleados y descubre que, en realidad, la empresa, de manera ‘sutil’, les exige ese comportamiento.

Yo, al principio seguí las normas y casi me echan. Aquí, si no corres, la empresa pierde dinero.

Dijo uno de los repartidores.

De la moto, Jesús se fue a la cocina a trabajar con una cocinera (¡que en realidad era técnico de laboratorio!) a la que querían promocionar para un ascenso y que dijo estar muy contenta con su nuevo trabajo (la chica era una ‘crack’; maja y profesional).

Al día siguiente Jesús conoció a Rafa, un tipo que lleva años en la empresa pero al que nunca ascienden. ¿Por qué? La excusa es que su actitud no era muy positiva. Pero claro, si una de sus funciones era la de ponerse un traje en plan Bob Esponja y repartir flyers por la calle muy motivador no es, la verdad.

El gran tema del programa es ese: la motivación o la falta de ella. ¿De quién es la culpa? ¿De la empresa o del empleado? Al día siguiente, el infiltrado descubrió la respuesta: la responsabilidad es de todos. Los trabajadores no dan su brazo a torcer, la encargada de turno (una niña de veintipocos años) no se hace respetar y todo parece caótico.

La siguiente parada fue en otra pizzería en la que Sergio, un simple auxiliar, hacía las veces de encargado (otro gran problema de las empresas, las personas que tienen más responsabilidades de las que dictan su cargo).

La mejor escena del primer episodio de ‘El jefe infiltrado’ llegó cuando una señora quiso celebrar el cumpleaños de su hija en la pizzería, pero advirtió que no tenía mucho dinero. Sergio, el encargado que no era tal, le ofreció unos precios muy rebajados y poco competitivos. El ‘jefe’ se enfadó pero entonces, el otro rompió a llorar reconociendo que, al igual que la clienta, él vivía en una situación precaria. Brutal.

Y tras su aventura, Jesús volvió a su puesto como jefe. Es decir, se descubrió el pastel. Los que habían sido ‘compañeros’ del mandamás durante una semana, no daban crédito cuando supieron la verdad.

Uno a uno, el jefe (en plan Chicote) fue diciéndoles a sus empleados lo que opinaba de ellos. Recompensó a unos (a una le regaló un curso de inglés y un viaje a Londres, a otra un crucero, y a otro el alquiler del piso durante un año) y abroncó a otros (uno de los repartidores no aceptaba las normas).

Y a Sergio, el gran protagonista del capítulo, le ofrecieron un ascenso como responsable de turno (algo que por otro lado se merecía por derecho propio y sin tanta parafernalia) y un fondo de estudios de 10.000 euros para sus hijos.

SEGUNDO EPISODIO: ENTRE BASURA

El segundo episodio se centró en Diego Trinidad, el jefe de departamento de control de gestión de la empresa de servicios de limpieza y mantenimiento, Limasa. Para infiltrarse, se afeitó el bigote y se hizo llamar Manuel Rueda. Fue divertido ver cómo el pez gordo tenía que ensuciarse literalmente, las manos, limpiando excrementos de caballo y resultó sobrecogedor ver cómo, tras hablar con un compañero, el jefe se dio cuenta de que no es tan diferente a sus empleados:

Los dos lo hemos pasado mal y creo que he tenido más suerte que José.

Así es la vida, cuestión de suerte.

UN PRÍNCIPE PARA LAURA

Sobre ‘Un príncipe para Laura’, sólo decir que es mejor que el anterior, ‘Un príncipe para Corina’. ¿Por qué? Principalmente porque la nueva ‘princesa’, aunque es más pija e insoportable, es mucho más activa, tiene más personalidad y es infinitamente menos sosa (no es un mero trofeo ‘mono’ al que pasean por la cámara), Además, anoche, el número de escenas frikis se multiplicó de tal manera que llegaba a dolerte el estómago de tanto reír. El estreno, se hizo con un correcto 7,4% de cuota de pantalla. No es un dato escandaloso, pero no es bueno.

 

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Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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