'Pesadilla en la cocina' triunfa en laSexta (12,4%)

La cocina más ordinaria enferma a Chicote: «¿Me comes el mejillón?»

Chicote intenta reflotar la taberna asturiana L´Orbayu, un casa de locos, regentada por una dueña desquiciada y sus amigas

La cocina más ordinaria enferma a Chicote: "¿Me comes el mejillón?"

Tras el parón de Semana Santa, Chicote regresó con fuerza y el capítulo 13 de la tercera temporada de ‘Pesadilla en la cocina’ registró un estupendo 12,4% de share en laSexta el pasado 21 de abril de 2014. Un programa lleno de violencia y de una dueña alterada no sólo por las deudas, sino por su atracción fatal con Chicote. Un festival de la ordinariez único.

«Un club de amigas más que un restaurante». «Una verdadera casa de locos».

Así definió una de las camareras al L´Orbayu, un local que, pese a su excelente ubicación dentro del municipio de Las Vegas (Asturias), se transformaba diariamente en una batalla campal debido a las peleas, los gritos, los nervios, la tensión, las bromas de mal gusto y la desorganización que reina en lugar. Y todo por mezclar amistad y negocios.

La dueña era Sandra, una mujer bastante tocada de los nervios, que, con una larga tradición familiar a sus espaldas de la que no acabó con un grato recuerdo, tuvo que volver, muy a su pesar, a la hostelería abriendo su propia taberna. Su primer error fue el más común de todos: contratar a sus amigas.

Pese a las buenas intenciones y a la amistad que las unía, la relación entre ellas era caótica y convertía en un caos todo lo que tenía a su alrededor. Además, la confianza había llegado hasta tal punto que nadie se responsabilizaba de nada, ni de la calidad de la comida – que, palabras de Chicote es «una puta mierda» -, ni del servicio al cliente – al que a veces no le ponen ni los cubiertos – ni de la organización en general. Y para colmo, a la dueña le daba, de vez en cuando por hablar por un micrófono. Así, sin más.

Chicote llegó y la escena fue tronchante. Nada más verle, la dueña se fue corriendo a decirle a sus amigas:

Joder, Chicote está bueno, así para un buen revolcón.

A modo de homenaje, Sandra había bautizado sus croquetas ‘caseras’ como croquetas Chicote. Todo bien si no fuera porque eran compradas del supermercado, algo que cabreó mucho al chef.

Luego, apareció la madre de Sandra y todo empeoró. La mujer era la típica jueza implacable chismosa que sólo criticaba a su hija y que quería posar junto a Chicote costase lo que costase. En resumen, otra bronca, y de la buenas.

Sandra le arranca una carcajada a Chicote: «Eso está lleno de pelos, mi mejillón está sin pelo»

Y analizando la comida (toda en mal estado) llegó el momento mejillón. Chicote tiró unos mejillones en mal estado y le dijo a la dueña:

Como te vuelva a ver uno de estos te como

Y la otra contestó:

¿Me comes el qué?, ¿el mejillón?

Sin embargo, la gracia del mejillón no quedó ahí. Mientras los limpiaban en la cocina, la propietaria volvió a bromear con el chef y le soltó:

Eso está lleno de pelos, mi mejillón está sin pelo.

La cara de Chicote era digna del museo de Cera.

Tras una cena caótica (con amenaza de huída de Sandra), el momento más tenso llegó cuando la propietaria de ‘L’Orbayu’ se puso nerviosa en uno de los servicios porque en una de las mesas estaban los propietarios de otros bares y restaurantes de la zona (Chicote tuvo que ir en busca de clientes).

Después de una de las quejas, Sandra entró en la cocina y se encontró con una de sus camareras-amigas, Denís, dentro cuando tendría que estar en sala y para más inri se enfrentó a ella. Sandra explotó más y tras los gritos, rompió a llorar. Esperanza,se puso en plan madre coraje y al ver a su hija así echó a la camarera de la peor manera posible:

Ya se me han hinchado las pelotas. A la puta calle ya. Tú no te ríes de mi hija ni la demás gente. Fuera.

Y a todo esto, los clientes se largaban. Era lógico, sobre todo después de que la madre gritase:

¡Quien no quiera esperar, que se largue!

Obviamente, la sangre no llegó al río y al minuto, la camarera despedida regresó y todos se pidieron perdón. Pero los problemas seguían (de verdad, el mal trato al cliente era escandaloso y, desgraciadamente, suele ser muy común).

Y al final, lo de siempre: madre e hija hablaron de sus cosas, lloraron mucho, se reformó el local y el último servicio, aunque tenso, terminó, milagrosamente bien. Hasta apareció el cura del pueblo.

 

Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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