ESTRENO DE 'CINTORA, A PIE DE CALLE' EN CUATRO

Cintora, a pie de calle: invita a su amigo Monedero a opinar de dinero negro

No engaña a nadie: aquí se vende progresismo hipster muy bien maquillado

Un año después de su despido como presentador de ‘Las mañanas de Cuatro’ (aunque no de Meadiaset), el 14 de marzo de 2016, Jesús Cintora regresó a la TV con ‘Cintora, a pie de calle’, un formato que no supera las comparaciones con el ‘Sálvados’ de Jordi Évole pero que se presenta ágil y bien realizado. La primera entrega no es perfecta pero hay que darle un respiro. En su estreno, el periodista ha indagado en la economía sumergida y todas sus caras.

El título es toda una declaración de intenciones. ‘Cintora, a pie de calle’ es tan funcional como capcioso. Aquí no hay lugar a dudas. Este es su programa y sus reglas. El protagonista es él y a quien le guste bien y a quien no, que pase otra cosa. No engaña a nadie: aquí se vende progresismo hipster muy bien maquillado.

DIFERENCIAS CON ‘SALVADOS’

El formato es susceptible a la comparación con el ‘Salvados’ de laSexta. Son calcados, sí, pero no nos echemos las manos a la cabeza. Recordemos que Évole hace lo que ya han hecho otros mucho antes (Gonzo, por ejemplo), es decir, personificar el reportaje de toda la vida haciendo una especie de columna de opinión televisiva a base de efectismos varios.

Si lo comparamos con Évole, a Cintora le falta carisma y sentido del humor. Esto lo embadurna de cierta pose didáctica. Es demasiado serio. No se relaja. No sabe arrinconar a la gente con mano izquierda, ni sacarle el jugo que se merece a ciertas situaciones.

BUENAS INTENCIONES Y MEJOR REALIZACIÓN

Y volvemos al título. Como bien se indica, Cintora está en al calle, por lo que casi todo lo que vemos son exteriores. Este rasgo distintivo, que bien podría significar agilidad, resulta lineal y algo tedioso, por no hablar de que algunas localizaciones no están bien escogidas (unas por poco atractivas y otras por eclipsar el contenido de la escena).

El programa, al menos en su arranque, destaca por una realización eficaz, sobria y acorde con lo que está contando. Hubiese levantado un poco más la luz pero entiendo que con la paleta de colores fríos se pretenda crear la ilusión del punto de vista es objetivo. Eso sí, manipulación hay, y mucha -el uso de la banda sonora lo demuestra-. ¿Y? No es malo. Si pongo un programa que se llama como se llama y sé quién es el presentador, no espero otra cosa.

A veces, lo importante no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta, y aquí la narrativa no es mala, tampoco brillante -tediosa, a veces-, pero tiempo al tiempo.

CINTORA, ¿EL ANTES Y EL DESPUÉS DE CUATRO?

Resulta curioso que este programa sustituya, los lunes por la noche, a ‘Un príncipe para tres princesas’. Es el antes y después de Cuatro. Da la sensación de que, con Cintora, Mediaset quiere dejar atrás la época de las vacas flacas en su segundo canal.

Es hora de decirle adiós a los programas ‘tróspidos ‘ y ya desfasados, y recuperar ese aire de cadena progresista e intelectual que tenía antes de la fusión.¿Esto significa que se copia el modelo de laSexta? Parece ser que sí pero tampoco es malo. Lo importante es que el canal consiga, de una vez por toda, una entidad propia. Su razón de ser.

VIVIR EN NEGRO

Como ya se ha apuntado, la primera entrega de ‘Cintora, a pie de calle’ ha versado sobre la economía sumergida, es decir, el cómo es ‘vivir en negro’, tal como rezaba el título del capítulo. Lo que más me ha gustado ha sido la narración, el viaje que se ha hecho del problema, desde las pequeñas chapuzas hasta los paraísos fiscales en Suiza, pasando por los talleres clandestinos de calzado o el sector de la construcción

Cintora iba entrevistando tanto a expertos como a víctimas o culpables, pobres o ricos (los que menos) y terminó con una mesa de políticos en la que le acompañaba, bien pegadito a su lado, su buen amigo Juan Carlos Monedero como representante de Podemos, así como Irene Lozano (PSOE), Francisco Latorre (Ciudadanos) e Íñigo Enriquez de Luna (PP).

¿OBJETIVIDAD?

A Cintora le despidieron como cabeza visible de Las mañanas de Cuatro por, según palabras textuales de Mediaset España, «formar y no informar». Él, que es muy listo, ha querido hacer un programa de supuesta objetividad periodística en el que intenta dar voz a todas las partes del conflicto pero no cuela. Para empezar, porque el 90% de las entrevistas las protagonizaban los damnificados, las víctimas, aquellos con los que el público iba a empatizar más y se acusaba de desfalco al PP principalmente (como si esta no fuese una lacra en todos los partidos).

El debate final con los políticos daba vergüenza ajena, no por las intenciones y la realización (nada que objetar) sino por ellos mismos, que aprovechaban, todos, para hacer campaña y lavarse las manos con verborrea compleja y vacía.

Y llegamos al problema principal de ‘Cintora, a pie de calle’. El periodista ha tenido tanto miedo de que le acusen de sectario (como si Évole, por ejemplo, no lo fuera, y todo el mundo le aplaude) que se ha quedado a medio gas.

El tema del dinero negro es apasionante, de rabiosa actualidad y plantear que nos afecta a todos no sólo es certero sino necesario. El problema es que el programa no llega a la raíz del asunto. Todo está muy ilustrado y muy masticadito pero no se dan ni razones ni soluciones reales. Puede que ese no sea el trabajo de Cintora, pero ya que se pone a darnos lecciones, que nos las dé de verdad.

Al final, el arranque de ‘Cintora, a pie de calle’ me ha resultado bueno pero de fácil digestión. Se olvida pronto y eso, en este caso, es un hándicap.

Aún con todo, se han vivido grandes momentazos en el programa. La entrevista inicial a los dos expertos en el tema, Carlos Cruzado, Presidente del sindicato de Técnicos de Hacienda, y el economista Gonzalo Bernardos, fue magistral. En ella descubrimos que hasta 250.000 millones de euros podrían proceder de la economía sumergida en España, lo que supone 160 veces el gasto en becas o 12 veces el gasto por prestaciones en desempleo.

Las visitas a los talleres clandestinos de calzado (esa especie de China 2.0 a la española) eran muy maniqueas pero impactantes. Mucho -y me gustó que los encargados, los supuestos malos de la película, diesen su versión del asunto-.

Sin embargo, las escenas en los bancos de Suiza en los que Cintora preguntaba por Bárcenas (sic) y le daban con las puertas en las narices, resultaron pretenciosas y poco esclarecedoras.

Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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