Crítica de la nueva serie producida por Bambú sobre la industria discográfica española en los años 60

Defectos y virtudes de ’45 revoluciones’: ¿Por qué ha fracasado en su estreno?

La ficción se estrena con un 10,1% de share y 1,5 millones de espectadores.

Defectos y virtudes de '45 revoluciones': ¿Por qué ha fracasado en su estreno?

¿Un ‘Cuéntame’ musical? No. ¿La nueva fiebre juvenil del año? Lo dudo. ’45 revoluciones’ es la apuesta de Atremedia y Bambú Producciones por reivindicar la ruptura cultural de la España de los 60 a través de la música. Una idea prometedora para una serie frenética, muy bien contada pero con un defecto de ADN que, esperemos, no le pase factura.

50 MINUTOS, POR FIN

’45 revoluciones’ en menos de una hora. Por fin. Esta es la primera de nuestras producciones que le da la espalda a los 70 minutos– esos que tanto daño han hecho a la televisión en abierto- reducidos ahora a 50. Se nota en que ya no hay espacio para la intranscendencia, ni para el entramado coral. Adiós a los escuderos graciosetes que reforzaban a los protagonistas. Aquí hay tres cabezas de cartel, una trama principal y a correr. Nada de florituras.

EJEMPLO DE SERIE PERFECTAMENTE EJECUTADA

El envoltorio en ’45 revoluciones’ es perfecto. La dirección de arte es creíble, bonita y sin eclipsar al resto de departamentos. La fotografía, naturalista y brillante. Se nota que todos han trabajado a favor de obra.

En Bambú tienden a adornar cada plano con música machacona, aquí también pero con más reparos y mejor gusto. Las canciones, obviamente, son lo más lucido. Marcan el tono del producto y no podía ser de otra manera.

Se ha vendido mucho el montaje de ’45 revoluciones’. No han inventado la pantalla partida pero la saben usar. El ritmo es acelerado, puede que en exceso, pero funciona. Los 50 minutos saben a poco. Jamás pensé escribir esto de una serie patria.

Destaco, sin embargo, el sonido. Por fin nos hemos dado cuenta que es un factor clave en el resultado. No se trata sólo de entender a los actores, la ambientación sonora nos hace creer en la grandiosidad de una escena sin necesidad de abrir el plano. Una vez más, en España llegamos tarde pero llegamos.

PERSONAJES Y ACTORES PARA EL RECUERDO

Lo mejor: El casting y la creación de personajes. A Carlos Cuevas, Guiomar Puerta, e Iván Marcos te los comes, sobre todo a los dos últimos. Ella (versión más joven, simpática y morena de Patricia Conde) es la definición del encanto. Va a ser una estrella. Marcos, por su parte, humaniza a un personaje estereotipado del que te apiadas desde el minuto cero. Cuevas, está bien, sin más, pero sus compañeros se lo meriendan. Cierto es que hay líneas de diálogo que chirrían pero ellos las defienden con naturalidad y hablando muy deprisa. Sí, a veces, se atropellan, pero para los que hemos crecido venerando a Aaron Sorkin, esto es un paseo en barca.

En los personajes principales está el alma de ’45 revoluciones’. Los tres actores están tan bien que me olvido de lo tópico de sus papeles. Voy con ellos a muerte. Ese debería ser el pilar de cualquier ficción pero aquí, al final, no es suficiente.

¿CUÁL ES EL DEFECTO?

’45 revoluciones’ es fácil, bella, entretenida, perfecta. ¿Qué puede salir mal? El pudor. Ese maldito pudor de las series españolas generalistas. Todo está muy bien narrado pero no cuenta nada, o casi nada. No hay tesis más allá del cliché y la trama se sustenta en la previsibilidad.

Tengo la misma sensación que cuando vi ‘Tiempos de Guerra’ (misma cadena, misma productora). Me gustó el piloto pero me pregunté: ¿A qué público va dirigido esto? Mi madre (fanática de ‘Velvet’) rechazó tanta sangre mientras que a mí me parecía poca. Con ’45 revoluciones’ me pasa algo parecido. No está definida. ¿Es para jóvenes, mayores, o ‘viejóvenes’? ¿De verdad que los mismos adolescentes que consumen a los youtubers, que babean con ‘Élite’ o aplauden a Rosalía van a rendirse ante una historia sobre la música de los sesenta? Puede ser ¿Serán quizás nuestros padres los que la conviertan en un éxito o les parecerá demasiado estresante y poco emotiva? Ni idea.

Para llegar a las audiencias más ‘modernas, en ’45 revoluciones’ han querido ir rápido. Mucho. El ritmo es ansioso, frenético. Aviso: La velocidad no es lo mismo que la intensidad. Quiero que me emocionen, no que me estresen. Yo al final me quedé tipo: «pues qué bien, que mono todo. Voy y a ver ‘La desaparición de Madeleine McCann’ en Netflix».

No me vale la excusa de ‘es el primer capítulo, tenemos que esperar’. El público ya no aguanta. Hay mucho que ver. Es en el piloto cuando hay que darlo todo. TODO. Aquí lo hacen pero sería de agradecer un poco más de riesgo. Que me cuenten otra cosa (en tono o en contenido) que no haya visto ya en el tráiler.

Podría terminar diciendo que ’45 revoluciones’ es lo que es. No oculta su predisposición a ser una serie que te apaña una tarde tonta. Cuenta lo que cuenta de la mejor forma posible. Bravo, pero sin más.

Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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