'Quiero dinero' o la degradación humana

El día que ‘Sálvame’ se convirtió en ‘Black Mirror’: deberían cancelar el programa de Telecinco inmediatamente

La nueva sección del programa debería estar prohibida

El día que ‘Sálvame’ se convirtió en ‘Black Mirror’: deberían cancelar el programa de Telecinco inmediatamente

Quiero dinero’, la nueva sección de ‘Sálvame’ en la que los colaboradores aceptan retos por dinero, es una línea roja. Un peligro social que da mucho miedo.

El futuro más negro ya está aquí

Hay un capítulo de la serie ‘Black Mirror’, titulado ‘15 millones de méritos’  (el segundo de la primera temporada), en el que, en un futuro cercano, la clase trabajadora vive bajo tierra y se dedica a pedalear, durante horas, en bicicletas estáticas. Lo hacen para conseguir puntos y así ganar privilegios (comida, enseres…) pero el premio gordo es  participar en una especie de ‘Got Talent’ en el que tres jueces malvados machacan a los concursantes hasta arrastrarles moralmente. Son tan fuertes las ganas de los pobres de poder triunfar que se dejan hacer cualquier cosa, incluso prostituirse en cuerpo y alma.

‘Black Mirror’, en todos sus capítulos, sirve de aterradora predicción ante el futuro que nos espera. Bueno, pues el futuro, ese futuro, ya está aquí porque lo que vimos el 21 de octubre de 2020 en ‘Sálvame’ parecía la semilla de ‘Los juegos del hambre’.

‘Quiero dinero’: la decadencia humana

‘Quiero dinero’ es el típico formato televisivo en el que se reta a los concursantes a hacer ciertas cosas a cambio de dinero. La cantidad va subiendo a medida que crece  la complicación del reto.

La ‘novedad’ es que los participantes son los colaboradores. Otra forma más que tiene ‘Sálvame de torturar a los suyos.

La primera en enfrentarse a ‘Quiero dinero’ ha sido Chelo García Cortés quien se ha entregado a la causa para ver si podía solucionar sus problemas económicos.

En dos días de concurso, hemos visto a Chelo fregar un wáter, confesar si hace el amor con su mujer pensando en Isabel Pantoja, traicionar a una amiga (Gema López), quedarse en bragas, fingir un orgasmo para Tita Cervera y, lo que es peor, responder a la pregunta de si alguna vez había deseado la muerte de su hermano.

Normalizar la humillación

El espectáculo fue dantesco y, sobre todo, cruel. Chelo, rota de dolor, lloraba y se estremecía mientras que sus compañeros la culpaban.

Esto no llega de un día para otro. La televisión en general (y ‘Sálvame’ en particular) lleva años haciendo del acoso su clave del éxito.

Esto es como el experimento de la rana hervida. Colocas al animal en una olla de agua hirviendo, de la que salta e intenta escapar por efecto del impacto. Pero si bajas la temperatura  y aumentas el calor gradualmente la rana permanecerá en la olla hasta que muere ya que no siente la diferencia entre el agua templada y la que está hirviendo.

Al principio, en televisión, nos escandalizábamos por una bronca en plató, ahora no sólo no nos sorprende si no que las reclamamos. Cuánta más sangre moral, mejor.

‘Quiero dinero’ se parece, de hecho, a aquel formato presentado por Emma García llamado ‘El juego de tu vida’ en el que los concursantes debían responder a preguntas tipo ‘¿has tenido fantasías sexuales con tu abuela?’  y la abuela delante.

‘El juego de tu vida’ ha sido recordado como un programa inmoral y friki, algo de pasado. Ahora nos cuelan lo mismo pero con el lubricante del ‘humor’.

Lo que asusta de ‘Quiero dinero’ no es sólo que se normalice la humillación si no  que se legitima la crueldad porque es entretenida. Puedo destruir vidas a favor del show. Qué miedo.

También es alarmante el cómo, desde ‘Sálvame’, intentan lavarse las manos.

Este es un programa libre, el primero en la historia en el que los colaboradores pueden abandonar el plató cuando algo no les gusta. Si Chelo siguió sentada es porque quiso

Así exculpaba Kiko Hernández la atrocidad de su programa. La culpa siempre es de la víctima. Qué asco.

La libertad, esa palabra tan prostituida. No es por ser populista, pero si fuera tan fácil escapar de una situación de acoso no habría abusos laborales o familiares.

Y lo peor es que a los que ponemos el grito en el cielo se nos tacha de carcas, de que no somos modernos o no tenemos sentido del humor.

Ese es el peligro del populismo: no aceptar críticas constructivas. No digo que ‘Sálvame’ sea un mal programa. Ha cambiado las reglas del lenguaje televisivo pero ha estirado tanto de los límites que se rompieron hace mucho.

 

 

 

 

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Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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