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Ylenia Padilla quiere «matar maricones»: cuando las enfermedades mentales son un espectáculo

Ylenia Padilla quiere "matar maricones": cuando las enfermedades mentales son un espectáculo

Ni todos los nazis son enfermos mentales, ni todos los enfermos mentales son nazis. Dicho esto, Ylenia Padilla no parece estar muy bien. Un momento… ¿Alguna vez lo ha estado?

La reina de los realities ha vuelto a ser viral gracias a decir, en redes, perlas como que hay «poco fusil” para matar a todos los homosexuales. O que en el colectivo LGTBIQ+ somos “drogadictos, asesinos, degenerados, hijos de puta y pedófilos”. A eso le añadimos una buena dosis de transfobia en plena semana del Orgullo en Madrid y ya tenemos el Trending Topic perfecto.

Primero, lo que suelta esta chica por la boca es un delito de odio. Punto. Si Pablo Hasél fue denunciado (y condenado), no veo por qué Ylenia no corre la misma suerte.

Pero claro, el caso de Padilla me resulta incómodo porque, en parte, todos hemos sido cómplices.

Hay que recordar que a esta muchacha la expulsaron de su primer reality-show (‘Ghandía Shore’ en MTV) por su comportamiento violento. Sí, sí, VIOLENTO. ¿Se acabó ahí su carrera? Al contrario, fue un fenómeno social durante años. Con miles de horas de televisión y un single de éxito a sus espaldas.

Y lo más gracioso de todo es que fue un icono gay. Momento ideal para abrir el melón del tipo de divas a las que idealizamos en el colectivo.  Ponemos a una mujer supuestamente ‘fuerte’, ‘poderosa’, con su puntito trash, mal hablada, que canta con el culo y ya es una reina porque nos hace gracia. Que sí, que puede ser chistosa pero tal vez tengamos un problema (los gais y todo hijo de vecino) con los referentes que elegimos.

Que Ylenia diga bestialidades contra las personas trans, por ejemplo, debería tener el mismo valor que cuando defendía sus derechos (o al menos cuando no quería exterminar a la gente). ¿Por qué tienen que tener importancia las palabras de una mujer que ha sido ejemplo de nada? Porque, desgraciadamente, ha tenido poder, mucho, y eso es culpa nuestra.

Aceptamos y naturalizamos comportamientos extremos en televisión. Cuánto más ‘loco’ está alguien, más nos entretiene.

Imaginemos, Dios no lo quiera, que Ylenia termina tan mal como Verónica Forqué. ¿Nos daríamos golpes de pecho? Depende. Ahora, como la rubia máxima es nazi, muchos dirán que ‘le jodan’, que se lo merece.  Recordatorio: la verdadera empatía se practica con los enemigos, no con los aliados.

No soy psicólogo, no sé cuál es el estado de salud de Ylenia Padilla. Lo que sí sé, como analista de televisión, es que esta muchacha siempre ha sido así: un exceso incontrolable. Ahora, como su discurso es de odio, nos da miedo y la juzgamos. Antes, cuando intentaba pegar a la gente ante las cámaras, nos descojonábamos de la risa.

El mensaje de Ylenia da asco. El problema es que siempre lo ha hecho. Ahora, lo triste es que nos sigue entreteniendo aunque sólo sea para ponerla a parir.

Y no, no se trata de justificar un discurso de odio con lo de ‘pobre, está enferma’. Ha cometido un delito; que pague por ello. Sólo decir que es aconsejable identificar ANTES ciertos ‘comportamientos’ y no aplaudirlos. Así, al menos, nos ahorraremos los hipócritas y superficiales discursos sobre salud mental que, como siempre, llegan tarde.

 

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Autor

Sergio Espí

Sergio Espí, guionista y crítico de televisión de Periodista Digital, responsable de la sección 3segundos.

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