Por Ana Villarrubia Mendiola.

¿Por qué mi hijo puede sostener la atención  con algunas tareas pero, con otras, parece que es incapaz?

En todos aquellos niños que experimentan problemas de atención, y especialmente en aquellos que han sido diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención (TDA),  es muy habitual que los padres observen ciertas conductas que son difíciles de explicar puesto que responden a un patrón que aparentemente no corresponde con las conductas habituales del niño. Si al niño le cuesta concentrarse a la hora de realizar exámenes, atender en clase, hacer tareas escolares, etc., ¿cómo se explica entonces que pueda concentrarse horas en un videojuego o con el ordenador?

En primer lugar, es necesario diferenciar la naturaleza de los dos tipos de tareas a los que nos estamos refiriendo. En la televisión o el ordenador, y muy especialmente si nos referimos a los videojuegos, los niños reciben una estimulación muy específica: incomparable con ninguna otra por su nivel de intensidad y rapidez a nivel sensorial (que consiguen captar su atención de manera casi artificial y sin esfuerzo por su parte) y tremendamente significativa para ellos por cuanto tiene de interesante (en la medida en la que responde directamente a los intereses del niño).

En el caso de los videojuegos, además, su propio diseño está pensado de tal modo que el niño se vea enfrentado a un reto tras otro de manera constante, lo que supone un importante aliciente para provocar eses “enganche “ atencional que muchas veces observamos atónitos en algunos niños.

Por otro lado, las tareas escolares, tanto el estudio como los deberes, en cambio, precisan de un tipo de atención sostenida de la que el niño es el único responsable y para la que no recibe ayudas externas; y además implican otros procesos cognitivos más complejos como la planificación, la organización del tiempo, la identificación de objetivos y la secuenciación de tareas ara su consecución, etc.

A nivel atencional, además, las tareas escolares implican una serie de capacidades aparentemente obvias y sencillas pero efectivamente complejas, especialmente para un niño con Déficit de Atención: la capacidad para filtrar todo estímulo no relevante a la tarea (pero no necesariamente carente de interés para el niño, como los estímulos del ambiente, las distracciones…) y la capacidad para atender a los estímulos relevantes de la propia tarea.

En definitiva, las tareas escolares no solo suponen una dificultad en sí misma para el niño con TDA sino que, además, carecen de multitud de alicientes con los que sí cuentan otras actividades. En un mundo en el que el desarrollo tecnológico está a la orden del día, las actividades relacionadas con la escuela no implican habitualmente ningún tipo de creatividad sino más bien un trabajo repetitivo de memorización o de copia al estilo de un dictado. Lejos de despertar la atención del niño con problemas, a menudo suponen una obligación nada motivante.

En un entorno tan cambiante como este en el que vivimos desde hace ya algunos años es necesario preguntarse si los métodos de aprendizaje no se han quedado ya algo obsoletos y el potente desarrollo de herramientas tecnológicas e internet no debería poder fomentarse desde las escuelas de manera más astuta, vinculada a un aprendizaje más activo por parte del estudiante, que despierte su curiosidad y premie la búsqueda de conocimientos por encima del rendimiento en tareas de atención.

Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022