El papel de la conciencia en nuestra autorregulación V.

Por el Dr. Juan Antonio Huertas.

¡Menuda pregunta me he formulado para ordenar estas líneas!. Va a ser compleja y difícil de contestar. Metido ya en estos lodos lo primero que voy a hacer es explicar el dilema.

En anteriores post he comentado el papel de la voluntad y de la autorregulación en el gobierno de nuestra vida, de sus aprendizajes y dominios. Además  he comentado que nos autorregulamos, nos conducimos con nuestros pensamientos y también manejando nuestras emociones e intereses. Tenemos pues que aprender a pensar y que aprender a sentir.

Seguramente, paciente lector, convendrá que es fácil asumir que para enfrentarse al dominio de una disciplina compleja (como pueden ser las matemáticas) viene muy bien saber autorregular los pensamientos. Saber plantearse objetivos, planificarse, supervisar el trabajo y corregir los fallos son cuestiones básicas para ir avanzando en una disciplina.

Todo eso muy bien, pero ¿qué es eso de aprender a sentir?.

Básicamente es una licencia del lenguaje. Me quiero referir a todos los procesos implicados en el manejo de nuestras emociones y motivos. La Psicología viene estableciendo bajo el término de regulación emocional o volitiva un conjunto de procesos muy difíciles de dominar del todo que tienen que ver con el control de nuestros incentivos, de nuestra activación, de nuestras emociones positivas y negativas. Lo que llamaba en otro post el manejo de nuestros afectos.

Para poder avanzar en actividades complejas resulta básico tener presente qué queremos conseguir, qué beneficio y utilidad personal buscamos. Si no sabemos lo que queremos y en qué medida los vamos alcanzando, es muy difícil estudiar o trabajar. A esto se denomina control de la motivación o del incentivo.

Enfrentarse a una materia difícil significa también tener que manejar nuestra activación. Saber controlar la impulsividad que nos lleva a cerrar de cualquier manera la tarea o a terminar cuanto antes. También es no caer en el extremo contrario, que es la vagancia o la inacción. Para todo ello tenemos que hacernos con estrategias, procedimientos y trucos

El control volitivo además tiene que ver con los modos para manejar las emociones positivas y sobre todo las negativas. Saber salir de las situaciones que generan situación o tristeza. Tener recursos para saber cómo desconectarme de las emociones negativas y evitar que estas estén presentes más de la cuenta en nuestra mente. Las emociones de alegría y felicidad tampoco  es bueno que las exageremos y que nos lleven a una situación de euforia desmedida, que desemboquen en el narcisismo irreal. Más dura será entonces la caída.

Le confieso que no tengo claro si estos sistemas de conducción de los afectos se pueden enseñar, pero sí estoy seguro que se aprenden. Quiero decir, no sé si pueden constituir parte de un curriculum formal, de una supuesta  materia de enseñar regulación emocional. Sí estoy seguro que debemos enseñarlos de manera más informal o dentro de cada una de las materias que hay que aprender.

He participado en varias investigaciones en donde hemos intentado enseñar matemáticas usando tres procedimientos distintos, para evaluar cuál de ellos era el más eficaz. Hemos procurado por un lado que el docente de matemáticas llenase sus explicaciones con estrategias de autorregulación cognitiva, planificación supervisión, etc. En otras aulas hemos intentado que se enseñe matemáticas haciendo mucho hincapié en estrategias de control volitivo, del incentivo, de las emociones, etc. Finalmente contamos con unos grupos control que eran aquellos que aprendían matemáticas del modo habitual, sin sistemáticas recomendaciones de regulación.

Lo que encontramos es que los chicos que recibieron una enseñanza de las matemáticas con mensajes de regulación emocional bien planteados fueron los que mejores resultados obtuvieron resolviendo problemas de esta materia frente a los dos otros grupos. Parece que enseñar a manejar también los afectos viene bien para dominar los números y sus fórmulas. Quizás estos efectos no se deba solo a que se enseñan  unas reglas para regular emociones, es que a la vez el estudiante percibe que el docente se acerca a la persona del estudiante y le aconseja desde la consideración de que estudiar matemáticas también puede generarle conflictos y problemas afectivos.

De todas maneras lo importante de estos resultados no es concluir que ya sabemos cuál es la mejor manera de aprender (algo que conviene seguir demostrando), lo más relevante es que podemos concluir que centrarse en el manejo de los afectos ayuda al menos a aprender las materias más complejas y formales. Seguiremos informando.

Dr. Juan Antonio Huertas – Profesor de Psicología de la UAM – Colegiado M-05492