Por Ana Villarrubia Mendiola.

El riesgo cero no existe y cuanto mayor es la sensación de invulnerabilidad que la relativa comodidad del día a día nos proporciona, mayor es el impacto de noticias tan tremendas como la que conocíamos al final de la tarde de ayer.

Las imágenes del terrible accidente sobrecogen hoy los corazones de todos los españoles y, los medios de comunicación, en ese afán por informar que nunca está exento de controversia, muestran hoy imágenes de heridos, cadáveres y vagones de tren convertidos en amasijos de hierro. Tengamos cuidado y seamos cautos.

Desde los colegios de psicólogos se trabaja desde hace años por instaurar protocolos de comunicación adecuados entre los servicios de emergencias, los medios de comunicación y el conjunto de los ciudadanos. Si alguno de nosotros ha pensado en alguna ocasión aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, entonces apliquémonos el cuento ahora. Los seres humanos aprendemos, y mucho, a través de lo que observamos. Aprendemos a través de las experiencias de otros, nos contagiamos con sus emociones y empatizamos con ello hasta límites que no somos capaces de sospechar. Esto también nos hace humanos.

Hemos comprendido la gravedad de lo sucedido, tenemos los testimonios de quienes desgraciadamente lo han vivido en primera persona, tenemos el recuerdo de las víctimas que irá avivándose conforme pasen los minutos a lo largo de estos días. Que no nos enseñen de más, que no nos inunden ahora que el nudo en la garganta aflora ya desde hace horas. Que nos protejan  ahora que somos vulnerables y que así lo sentimos. Comprendemos ya la magnitud de la tragedia y todos los periodistas que hasta allí se han desplazado comparten con dolor los detalles de la noticia que nunca quisieron dar.  Pero no permitamos que un exceso de celo informativo se adueñe de estos momentos.

Estoy segura de que hoy, en el comienzo del duelo, con los familiares y pasajeros del tren va el más sincero pesar de todos nosotros, de todo un país conmocionado por la tragedia. La encomiable solidaridad de los vecinos y ciudadanos de Santiago y la reconocida actuación de todo el personal de emergencias allí destinado así lo ha demostrado.

Ahora no es momento de enseñar, ahora es momento de escuchar, de dejar a los familiares de las víctimas y a los pasajeros del tren que cuenten lo ocurrido y se desahoguen en la intimidad que cada uno requiera.  Es momento de dejarles hablar, narrar, contar, patalear, gritar, enfadarse, enrabietarse o llorar. Es momento de no bloquear ni entorpecer su relato y por ello es momento de escuchar, escuchar y escuchar; proporcionar aliento, contener su dolor y potenciar su desahogo.

Vaya por delante nuestro más sincero pesar, nuestra solidaridad y nuestro acompañamiento para todos los afectados por este tremendo accidente.

Ana Villarrubia Mendiola (Psicóloga Col. M-25022) dirige la  Consulta de Psicología en Madrid  ‘Aprende a Escucharte