Por Nuria Torres Marcos.

A menudo nos gusta que la gente reconozca nuestros éxitos, que nos feliciten cuando superamos dificultades o nos recuerden las cosas positivas que nos caracterizan.

Todas estas opiniones desempeñan un papel fundamental en nuestra autoestima y nos influyen de manera importante en nuestro desarrollo como personas.

Cuando nos esforzamos con ímpetu por conseguir todas estas aprobaciones para poder estar en paz con nosotros mismos, caemos en una lucha que no nos permite avanzar, nos limita, poniendo nuestra valía personal en manos de otros, de manera que, cuando se nos hace difícil encontrar este reconocimiento caemos al precipicio del auto rechazo, la frustración y la tristeza.

Desde pequeños aprendemos a buscar la autorización de los mayores incluso para saber lo que debemos querer, no hay duda que la intención es buena, pero a veces el objetivo que se persigue es contrario al que se consigue. Se castiga la independencia y se alimenta la dependencia.

Medimos nuestras acciones de forma que consigamos la aprobación de nuestros padres o profesores, y a medida que crecemos vamos condicionando nuestro comportamiento en relación a la aprobación de los demás.

Y si el otro no es capaz de ver aquello que hacemos, ¿significa esto que no valemos?

Perseguir la aprobación como una necesidad para poder tener un autoconcepto positivo y agradable para nosotros mismos nos aleja del hecho de conseguirlo. Siempre nos toparemos con personas que difieran de nuestro criterio o que nos juzguen sin motivo aparente. Enfrentarse con estas dificultades también forma parte de nuestro aprendizaje y desarrollo, otorgándonos fuerza, valía y confianza.

Las necesidades son la expresión de lo que un ser vivo requiere indispensablemente para su conservación y desarrollo.

Lo que significa que no podemos vivir sin ellas. Cuando la aprobación se convierte en una necesidad más que en un deseo o cuando supeditamos nuestros comportamientos u opiniones a los demás, nos convertimos en personas débiles emocionalmente y nos olvidamos de lo que realmente somos y queremos, nublados por la búsqueda de reconocimiento por parte de los demás. Olvidamos nuestro criterio así como nuestras metas u objetivos.

Esta claro que no es fácil para nadie encontrarse con un rechazo y que la opinión de personas significativas nos influye de manera importante, por ello, el objetivo proponemos, no es dejar de buscar la aprobación sino tomarla como un deseo, un aliciente o un complemento que nos ayudará a reforzar más nuestra autoestima, esa autoestima que, personalmente, hemos forjado con nuestros logros, por pequeños que sean, con nuestros esfuerzos, y con nuestros tropiezos.

Conceder a otros el poder o el mando que modula nuestra vida, les convertirá en alguien más importante que uno mismo, haciéndonos sentir más cómodos exteriormente pero a la vez, nos privará de la libertad para hacer o deshacer, sacrificando nuestra verdadera personalidad.

La desaprobación es una consecuencia natural de la vida.

Ahora bien, ¿Estoy dispuesto a cargar toda mi vida con el esfuerzo y el riesgo que supone intentar complacer a todos en todos los momentos de mi vida?

 

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en la Consulta de Psicología Aprende a Escucharte’ en Madrid