Por Nuria Torres Marcos.

Hace unos días me encontré con una amiga que hacía mucho tiempo que no veía, tras mostrar la alegría propia  de ese encuentro casual, comenzó a contarme lo mal que lo había pasando estos últimos años a causa de su perdida de empleo y sus problemas económicos. Mientras me contaba notaba como sus ojos se llenaban de lagrimas que rápidamente contagiaron los míos, en ese momento me quede bloqueada  y solo supe decir “tranquila, ya pasó todo”.

A menudo cuando alguien nos cuenta algo por lo que se siente afectado, tratamos de actuar pensando en lo que creemos que es mejor para el otro, sin pensar en lo que realmente puede necesitar. Solemos dar consuelo “No es culpa tuya”, contar nuestras experiencias para quitarle peso “pues a mi me paso…”, minimizar la información que nos llega “No es para tanto”, damos consejos “lo que deberías hacer es…” o lecciones “a mi no me pasan esas cosas”. A veces intentamos hacer diagnósticos sobre lo ocurrido “lo que realmente te pasa es que…”o educar al otro “esto que te ha pasado puede ser una gran enseñanza para ti”.Caemos en el error de pensar que así aliviamos su sufrimiento, le hacemos olvidar y mostramos toda nuestra comprensión. La mayoría de las veces nos equivocamos.

Todo el mundo ha oído hablar del termino empatía pero la verdad es que el concepto no queda del todo claro.

Esta frase de ponerse en el lugar del otro o ponerse en la piel del otro no significa hacer nuestros los problemas de los demás, ni inundarnos con sus emociones. Esto nos lleva a confundir simpatía con empatía.

Cuando sentimos simpatía hacia otro, nos metemos en su problema y lo hacemos nuestro. La empatía va mas allá, es más profunda y autentica.

Empatizar es escuchar al otro, poner todos nuestros recursos atencionales a su servicio, dejando de lado nuestras preocupaciones, puntos de vista, juicios, valores o nuestras propias opiniones, para entrar en el mundo del otro sin ideas preconcebidas y dispuestos a mirar a través de sus ojos.

Ser empático no es algo fácil, significa dejarnos a un lado, olvidar nuestros sentimientos y conectar con los de la otra persona, de esta manera, cuando me siento apenado y dejo aflorar mis emociones estoy simpatizando con el otro pero no siendo empatito. No se trata de estar de acuerdo o en desacuerdo, simplemente se trata de “estar”.

La simpatía es “sentir con” mientras que la empatía es un “sentir en” o  «sentir desde dentro”, es como si en un momento dado dejáramos de ser quien somos y fuéramos esa persona, con su vida, sus experiencias, sus emociones, etc. Meternos en su piel y ponernos sus zapatos, viendo las cosas como las ve el otro y no como las veríamos nosotros si fuéramos la otra persona, y siempre siendo conscientes que el problema y los sentimientos no son nuestros sino del otro, ¿difícil verdad?

Por último podemos decir que la empatía es una cualidad indispensable para una buena comunicación, mejora las relaciones personales y potencia la capacidad de dialogo respetando la opinión de los demás. Promueve la aceptación de uno mismo sirviendo como espejo en el que verse reflejado.

Es una habilidad social básica. Y como cualquiera de las habilidades sociales, no se nace con ella. Se puede entrenar, modificar y mejorar.

 

Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Col. M-26071) en la Consulta de Psicología  Aprende a Escucharte’en Madrid.