Por Ana Villarrubia Mendiola.

La impulsividad es una de las tendencias de comportamiento más sintomáticas de los niños con TDAH. A fuerza de saltarse las reglas y romper normas implícitas, los niños con TDAH no solo tienden a ser más castigados y regañados por sus profesores y cuidadores sino que son sus propios compañeros quienes acaban rechazándoles o simplemente no contando con ellos. Quien en un principio puede ser el graciosete del grupo acaba por agotar la paciencia de quienes le rodean.

Para los padres es muy duro ver cómo las dificultades de su hijo descabalan las rutinas en casas, perjudican sus resultados académicos y, para colmo, afectan también a su círculo social potenciando así todas las consecuencias perniciosas que una historia de fracasos reiterados tiene para la autoestima.

Debido a la impulsividad característica del niño con TDAH es común que en algún  momento haya lastimado o empujado a otro niño, normalmente de manera no intencionada. En estos casos, es importante no regañarle delante de otros niños, ni siquiera delante del niño a quien ha hecho daño o molestado. Esto solo daña su imagen dentro del grupo de iguales. Es recomendable apartar al niño y charlar con él alejados de la vista de los demás; recordarle las consecuencias que ese tipo de conductas tiene sobre los demás a corto plazo (que pueden sentirse ofendidos) y sobre él mismo a medio plazo (a quien es probable que rechacen si reitera ese tipo de agresiones).

Si queremos ayudar a nuestro hijo en la esfera social, podemos también seleccionar unas pocas conductas que queremos promover en él y diseñar un plan de reforzadores para premiarlas de manera sistemática y aumentar así su probabilidad de aparición. Es importante recordar que todo proceso de aprendizaje es lento y en un niño con TDAH puede serlo aun más. Es necesario ceñirse al plan diseñado y no desesperarse por el camino y castigar aquello que se ha decidido de antemano no castigar. El aprendizaje a base de refuerzos es más eficaz que cuando se basa sobre castigos, sobre todo si hablamos de reforzadores sociales que tan importantes son desde la infancia. Un profesional de la psicología clínica especializado puede sernos de gran ayuda para el diseño de este plan de refuerzo.

Si su hijo tiene dificultades con su grupo de amistades ofrézcanle también que invite a compañeros o amigos a casa. Es un escenario ideal para que puedan observar de manera directa cómo son sus interacciones con otros y ayudarle a corregir aquellas conductas inadaptadas que puedan perjudicar sus vínculos sociales.

Llevar al niño a un parque con otros niños o invitar amigos a casa es una excelente oportunidad para observar sus comportamientos en un entorno natural para él y poder así devolverle después un valiosísimo feedback en base a nuestras observaciones. Podremos hacer con él de modelo, partiendo de situaciones reales observadas, y ofrecerles así nuevos modelos y alternativas a sus conductas desadaptativas.

Por último, el fomento de la empatía en el niño es una herramienta de gran utilidad para que poco a poco vaya tomando conciencia de la repercusión que sus conductas tienen sobre los demás, y le serviría al niño a la larga para aumentar su nivel de autocontrol y su capacidad de autorregulación.

 

Ana Villarrubia Mendiola dirige la consulta de psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.