Por Ana Villarrubia Mendiola.

A pesar de su gran relevancia (debido al elevado nivel de sufrimiento que conlleva) y de su innegable existencia, las codependencias emocionales no han recibido hasta ahora una especial atención por parte de los investigadores en psicología.

Son las pacientes quienes sufren esta falta de atención, de definición y de información; y digo bien mujeres pues quien acuden a consulta por un problema relacionada con la codependencia afectiva son, en su inmensa mayoría, mujeres.

De manera muy general, la codependencia emocional o afectiva se corresponde con una vivencia muy intensa de una necesidad afectiva extrema y desmesurada. Es decir, la persona necesita al otro hasta el punto de que no se imagina ni un solo segundo de su vida sin él. La persona de quien se depende rige la vida emocional del dependiente y es “responsable” de sus estados de ánimo, deseos y motivaciones. Cuando la codependencia se da en pareja, estos síntomas suelen desembocar en la adoración total de la pareja y, con ello, en la dedicación plena hacia ésta.

La experiencia nos dice que este trastorno es más frecuente en mujeres y suele darse hacia un familiar (normalmente la madre) o hacia la pareja. Cuando la pareja es un enfermo crónico o una persona drogodependiente, las cifras aumentan. Este tipo de casos pueden pasar desapercibidos durante un tiempo más o menos prolongado puesto que la naturaleza de la relación hace que una de las dos personas tenga que dedicarse casi por completo a la otra, pero cuando hablamos de codependencia lo que se desarrolla es una relación de práctica sumisión del miembro codependiente hacia el otro miembro de la pareja.

Si trasladamos esto al ámbito del maltrato y la persona codependiente es una mujer maltratada, la sumisión de la que hablamos es aún más visible. Se forma un cuadro complejo en el que la difícil situación de vivencia de malos tratos, (normalmente por parte del varón), instrumentalización y vejación (normalmente de la mujer), se ve alimentada por un trastorno que acarrea una potentísima dependencia emocional por parte de la persona maltratada hacia su maltratador.

Por desgracia esta no es una excepción y no es infrecuente que las situaciones de codependencia emocional se vean envueltas en duras vivencias de este tipo o similares.

Debido a que la codependencia afectiva puede, en cierto modo, asimilarse de manera muy gráfica a una adicción (adicción, al fin y al cabo emocional aunque no incluya dependencia de ningún tipo de sustancia química), las mujeres que sufren este trastorno y a la vez están sufriendo malos tratos suelen disculpar a sus parejas por todas las vejaciones que les infringen y son capaces de perdonar cualquier cosa con tal de no perder a la persona de la que enfermizamente dependen y que, en la práctica, idolatran de manera insultante y evidentemente peligrosa.

 

Ana Villarrubia Mendiola dirige la consulta de psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.