Por Ana Villarrubia Mendiola.

Si bien nos centrábamos recientemente en estudiar el fenómeno de la codependencia afectiva en casos de maltrato hacia la mujer, existen otros casos igualmente complejos en los que la codependencia emocional no viene asociada a ningún tipo de maltrato ni psicológico ni físico, por ejemplo, los casos en los que uno de los miembros de la pareja es drogodependiente.

En estos casos la situación acaba por volverse igualmente insostenible para la persona que consume puesto que se ve sometida de manera incesante a un estricto control por parte de su pareja que constantemente desconfía de él y presiona de manera torpe y poco eficaz para que abandone las drogas

De hecho, la presencia de una persona diagnosticada de codependencia afectiva cerca de un drogodependiente durante su proceso de rehabilitación puede llegar a ser altamente perniciosa. Una persona dependiente que tratar de ayudar a su pareja con problemas de drogadicción representa un importante factor de riesgo en el tratamiento de la adicción, llegando incluso a poder representar un impedimento.

Una persona codependiente a nivel afectivo tratará por encima de todo de mantener una cierta coherencia con su identidad de incansable sufridor por lo que pueden llegar a boicotear la rehabilitación en el momento en el que el drogodependiente empiece a obtener una mayor autonomía personal. Las personas dependientes a nivel emocional en este tipo de casos tratarán de hacer todo lo posible por reorganizar su vida de acuerdo a una única meta: luchar por la rehabilitación de la persona a la que creen estar ayudando, de la que son fuertemente dependientes.

Por otro lado, la práctica clínica nos demuestra que existe una mayor prevalencia de personas con codependencia emocional entre familiares de enfermos crónicos. Este hecho se explica de forma coherente por la naturaleza de la propia patología: se trata de personas que se desviven por otras, cuya vida gira alrededor de una persona necesitada que, desde su punto de vista, merece toda la atención y se convierte en parte central de su propia vida. La vida de la persona dependiente llega a quedar relegada a un segundo plano, siendo tan extrema la dedicación por la persona de la que se depende que su atención y cuidado se convierten en la única aspiración vital del dependiente.

Por todo ello, para abordar un caso de codependencia afectiva es necesario hacer una evaluación profunda y elaborar un diagnóstico adecuado ya que suele resultar muy complicado aislarlo de otros problemas y suele sumergirse en una concatenación de complejas situaciones.

Ana Villarrubia Mendioladirige la consulta de psicología ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.