UnknownPor Nuria Torres Marcos.

Los niños aprenden, principalmente, de las consecuencias de su conducta. El comportamiento agresivo o cooperativo de los niños se relaciona a menudo con las respuestas particulares que han experimentado en ellos mismos o han observado a otros experimentar. Las conductas sociales del niño producen consecuencias o respuestas de otros, aunque no hayan sido planificadas por el maestro.

Las maneras rutinarias en que los maestros responden a las conductas de los niños pueden tener efectos benéficos o perjudiciales. Por ejemplo, la atención de los maestros y de los pares (los iguales) tiene un fuerte efecto en las conductas de los niños en el aula de clase. Los maestros pueden usar la poderosa herramienta de la atención planeada para aumentar la probabilidad de que los niños se comporten cooperativamente y de manera no violenta en lugar de hacerlo agresivamente.

Una manera de minimizar las conductas agresivas en el aula de clase es analizar las consecuencias existentes para la agresión y eliminar o reducir las recompensas para esas conductas, incluidas la sumisión de los pares y la atención de maestros y pares. Los maestros pueden estar vigilantes y responder a los casos de niños que demuestren cooperación, resolución constructiva de problemas y respuestas no violentas ante el conflicto o la provocación. Pueden señalar los beneficios concretos de la cooperación o la actuación no violenta, tanto para los niños que están directamente involucrados, como para otros.

Además, los maestros pueden motivar a los niños para hacer cambios en sus propias conductas. También pueden usar estrategias predeterminadaspara responder ante la agresión e incluir la aplicación de consecuencias significativas (en lugar de sanciones) y asesorar a los niños para usar sus habilidades sociales en su ambiente.

Las consecuencias de una conducta afectan a los niños de dos maneras distintas. Por un lado, las consecuencias sirven para informar a los niños si están haciendo «lo correcto». Las consecuencias son más efectivas para proporcionar esta información cuando se presentan inmediatamente después de la conducta del niño. Los niños pequeños olvidan rápidamente lo que han hecho y les es difícil hacer conexiones entre los eventos que están separados en el tiempo.

Una segunda forma en que funcionan las consecuencias es motivando a los niños a realizar la acción de nuevo o a evitar realizarla. En muchos casos un solo evento proporciona tanto la retroalimentación informativa como una experiencia placentera o displacentera que puede influenciar el deseo del niño de repetir la conducta.

Cuando un maestro comenta en tono positivo, «veo que estáis trabajando juntos; parece que están divirtiéndose mucho compartiendo los bloques«, los niños no sólo reciben información sobre el valor de compartir, sino que también se sienten bien al haber obtenido la atención del maestro.

En la mayoría de los casos, los niños pequeños quieren y reciben bien la atención del maestro, prefieren recibir atención positiva en lugar de negativa, una vez que saben cómo hacerlo. Obviamente, un niño que no se sienta a gusto con un maestro en particular o quiere rebelarse, puede intentar evitar hacer cosas que el maestro aprueba. Un niño que quiera la atención del maestro y carece de experiencia para obtener atención positiva puede intentar hacer cosas que lo perturben.

El efecto real de cualquier consecuencia depende de la interpretación del niño, no de la intención del maestro. Un gran abrazo puede servir como recompensa para un niño pero puede ser visto como una consecuencia punitiva por otro niño al que no le gusta ser abrazado por el maestro.

Una meta de la educación en las habilidades o destrezas prosociales es ayudar a los niños a comprender que las conductas prosociales pueden ser auto gratificantes.

Las conductas agresivas a menudo pueden ser desestimuladas ofreciendo consecuencias positivas para las conductas alternativas. Al niño que habitualmente golpea a los demás a la hora del recreo podría decírsele: “Si mantienes quietas tus manos hoy a la hora del recreo, entonces puedes ser mi ayudante especial«.

Ofrecer consecuencias positivas de esta forma puede ser una poderosa herramienta para estimular conductas específicas, especialmente con un niño que es desafiante. Al mismo tiempo, se evita la confrontación implicada por un requerimiento directo.

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Nuria Torres Marcos es Psicóloga (Colegida M-26071) en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte.