Foto artículo límitesPor Marga Gutiérrez del Arroyo.

No hay ninguna relación humana en la que no haya límites: los amigos ponen límites, las parejas ponen límites, los compañeros de trabajo ponen límites. Los límites marcan el espacio en el que acaba la intimidad de uno y comienza la del otro, y son dinámicos: cambian con el tiempo, con la evolución de la relación, con las experiencias de cada uno, con la edad de las personas implicadas, etc.

Recordemos que los niños vienen al mundo como un lienzo en blanco: a través de su experiencia en el mundo irán descifrando los códigos de lo que es válido y lo que no, lo que es seguro e inseguro, etc. Pero ¿Cómo podrían aprender todas estas cosas sin límites, sin una guía que seguir para enfrentarse  a las diferentes situaciones?

Imaginemos a un niño que se encuentra solo en un desierto ¿Qué le va a pasar? Lo más probable es que se pierda. Todos necesitamos un espacio delimitado: es la mejor protección que se le puede dar a un niño o un adolescente.

Pensemos en el famoso gen del dolor, hallado por un equipo científico británico gracias a un niño pakistaní de 14 años que caminaba sobre carbones ardiendo y se clavaba cuchillos en los brazos sin sentir dolor, como parte del show callejero con el que se ganaba la vida. El dolor es el límite físico que ayuda a aprender de la experiencia y a prevenir nuevos riesgos: desgraciadamente este niño no podía acceder a él, por lo que murió al arrojarse desde un tejado.

En definitiva, el dolor es un límite que la Naturaleza nos ha proporcionado para nuestra supervivencia ¿Qué límites pueden proporcionar los padres para ayudar al niño a desenvolverse en el mundo? Veamos algunos ejemplos:

La clave está en que seamos constantes, que demos opciones a elegir (¿Prefieres ducharte o bañarte?), y que expliquemos el porqué de las normas cuando veamos que el niño no entiende la aplicación.

Los límites son educación. Y son dinámicos: no tengan miedo de ponerlos, siempre que sean flexibles y capaces de cambiarlos, a medida que van cambiando las circunstancias. Y recuerden: educar con límites no es querer con límites.

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Marga Gutiérrez del Arroyo es Psicóloga infantil (Colegiada M-25605) y trabaja en el Gabinete Psicológico ‘Aprende a Escucharte‘ en la calle Alonso del Barco nº 7, en Madrid.